Nuestros Lugares

Una esquina con cerezos

Publicado el 07/07/2012
por Stella Maris Guibaudo

Paisaje rural-San Alberto Puerto

Publicado el 05/07/2012
por Stella Maris Guibaudo
-San Alberto Puerto-

otro atractivo natural que invita a la caminata

Desde los jardines del Canal3

Publicado el 22/02/2012
por Stella Maris Guibaudo

Calle Pellegrini, génesis de un barrio

Publicado el 01/03/2010
por Leonor Kuhn

Por Leonor Kuhn

(Art. publicado en el nº 2 de la revista SOMOS)

–    Disculpe, la calle Pellegrini, ¿queda lejos de acá?
–    No, ¿ve aquella esquina donde está el Banco Nación y el kiosco de revistas?, la que dobla para abajo, es la  Pellegrini.
Transeúntes imaginarios de un día cualquiera, no podrían referenciar con más precisión, la ubicación de esa calle, que tuvo un protagonismo central en la formación  de una de las primeras zonas  con rasgos de barrio, en los alrededores del nuevo centro.
Cuando hablamos de “nuevo centro” nos referimos a la paulatina pérdida de movimiento e importancia del núcleo poblacional original, cercano al puerto, con la instalación de casas y negocios a ambos lados de la zigzagueante calle principal, cada vez más hacia el sur, acercándose a la nueva ruta nacional nº 12.
En 1940 se inaugura una década de gran crecimiento y transformaciones para el pequeño asentamiento urbano que era Puerto Rico entonces.
Y  justamente, entre las actuales calles Pellegrini y Paraná, José Ernesto Krindges, inmigrante brasileño, había construido un local de madera de grandes dimensiones, con un salón de baile (después Cine Ipiranga), y varias habitaciones destinadas a albergar a gente que estaba de paso. Detrás del local, hacia el oeste y pendiente abajo, se extendía su chacra y potrero, hasta el arroyo León.
En aquella época Gendarmería Nacional alquila la pensión de Krindges e instala su regimiento hasta el año 1945, donde se muda a su lugar definitivo hasta el día de hoy.
Nuevamente la familia Krindges ocupa su propiedad y comienza con el emprendimiento del cine, bar y salón de baile y cancha de basquet. Para ese entonces deciden lotear su potrero y chacra, y con la venta de las parcelas, comienzan a instalarse algunas familias en la zona.
Al otro lado de la calle Pellegrini, se extendía la propiedad de Enrique Riedmaier, hasta la actual calle Belgrano, cuyo fraccionamiento coincide más o menos con el anterior.
Entre ambas chacras, y hasta el arroyo León, una callecita de colonia, pedregosa, muy empinada, mucho antes de llamarse Pellegrini, era el acceso al molino de maiz y más tarde el aserradero de Aloisio Wolfart, donde pesados carros tirados por bueyes, entraban con rollos y salían con maderas aserradas.
No se puede reseñar la evolución de la zona, sin mencionar la larga presencia de la Escuela Nacional 114,  primera escuela pública del Alto Paraná, donde los hijos de los inmigrantes aprendían además del idioma nacional, lo más representativo del ser argentino: la noción de patria. Un viejo galpón propiedad de Enrique Riedmaier, fue el edificio de la escuela por casi 60 años, ubicado entre la Avda San Martín, calles Paraguay, Belgrano  y Reconquista.
Y la barriada que empezó a formarse en la zona aledaña, generó un vínculo entrañable con la escuela 114, que se mantiene vivo en la memoria colectiva de sus antiguos habitantes.
Otro lugar de gran significatividad, que marcó la vida del barrio, punto de referencia ineludible, fue el “Hotel  Suanno”, con bar, restaurante y habitaciones para alquilar.
Su propietario, José María Suanno, hombre jovial y amable, llegó como muchos otros a raiz de una importante migración interna que aportó nuevas vertientes poblacionales.
El bar de Suanno, fue elegido por los colectiveros como Terminal de Ómnibus después de la anterior parada, frente al hotel de Theler, unos 200 mts, más adelante.
Don Suanno pronto se hizo muy famoso: además de ser el primer Intendente electo por los habitantes de P. Rico en  1958, tuvo una activa participación  en el club 25 de Mayo y otras instituciones del pueblo. La ubicación estratégica de su negocio, sumado a la topografía del terreno, que desarrolla una gran pendiente hacia el arroyo León, hizo que mucho tiempo la gente local se refiera al barrio ubicado entre Paraná y Pellegrini, como “Bajo Suanno”
En conversaciones con antiguos moradores de la zona, fluyen en sus memorias nombres y apellidos de familias que habitaban la zona en los albores del barrio, como “Nenito” Otazú, , Maidana, Emilio Rivero (Gendarme, su sra. maestra en el colegio SAM), Muller, fotógrafo, padre de Máximo Muller , actor y bailarín, don Marcos Rojas, sereno del aserradero de Arlindo Brandt, y su sra. Ladislada González, lavandera. Una de sus nietas recuerda detalles de aquel esmerado oficio “mi abuela lavaba la ropa de varias familias importantes del pueblo. Los lunes a la mañana salía a buscar la ropa en grandes atados. Sacaba el agua de una naciente que había y fregaba la ropa con las manos. Sábanas blancas, camisas, manteles y guardapolvos los extendía enjabonados sobre una chapa de cinc, al sol para blanquearlos, después, almidonaba todo, y planchaba con plancha a carbón”
Más familias emergen del recuerdo: Nacimiento, Carlos Vera, Aldana, sra Teresa Loeffler, Anastasio Talavera, Arnulfo Verón, De La Cruz, Acuña, Bastarrechea, Isabelino López, Bizzózzero, Lezcano, Morel, Camargo, Valenzuela, entre otras.
Es interesante observar cómo ciertos puntos o lugares están profundamente ligados a experiencias cotidianas de la gente, y los evocan no sin un dejo de nostalgia. Tal es el caso de la pista de Fortunato Ríos, con su bar “Ideal”, “tenía un metegol que le gustaba a toda la gurisada, el Chirimbolo que le dicen”, explica alguien que pasó su infancia en la zona. Otros recuerdan la pista de Ríos como escenario de la “Fiesta
de San Juan” y los genuinos carnavales  populares.
Hay quienes recuerdan que don Ríos fue el primero en tener un televisor en blanco y negro, que congregaba a su alrededor una multitud de vecinos para mirar peleas o partidos de fútbol.
El recuerdo de emocionantes aventuras y escapadas en la siesta de las calurosas tardes misioneras, remite de inmediato al arroyo León, donde chicos y grandes se bañaban, haciendo frente a las altas temperaturas, y si no, siempre había para pescar. Muchas mujeres lavaban su ropa en las aguas todavía limpias de aquel tiempo.
Mientras estuvo el aserradero de Wolfart, la gente buscaba aserrín para tapizar los pegajosos patios de tierra, o costaneros para alimentar fogones y cocinas a leña.
Del terreno de Enrique Riedmaier, exactamente donde hoy se encuentra el Banco Nación, estaba la plazoleta “Malvinas Argentinas”, que contaba con algunos juegos para los chicos, y de vez en cuando, se instalaba algún parque de diversiones itinerante. También fue el escenario de muchos actos patrios centrales.
En la zona comprendida ente las calles Pellegrini, Paraguay y Belgrano, también se instalaron familias como los Corti, Juan Carlos Méndez (gendarme y fotógrafo), Leocadio Wissner, sastre y su señora Pabla Báez, modista. Esta familia era el centro de reuniones de la colectividad paraguaya; recibían a sus compatriotas recién llegados en las décadas de 1950 – 1960, hasta que conseguían trabajo, por tal motivo, hoy la calle se llama “Paraguay”.
Otras familias de la zona eran las de Rinke, Ayala, Silva, Cáceres…
Algunos todavía recuerdan a don Maximiliano Säckl, un extraño hojalatero alemán,  lisiado en la II Gerra Mundial que  se desplazaba en una enorme moto antigua, y vivía en la actual calle Newberry.
La ubicación geográfica tan próxima al centro, con acceso inmediato a la Terminal, el Cine Ipiranga, la gran tienda “La Casa del Pueblo, la escuela 114, las clínicas de los doctores Marenics, Vaas, Nosiglia y Regúnega, era una gran ventaja, lo que aceleró el proceso de poblamiento de la zona en las décadas del 50 y 60, estimulado sin duda por el florecimiento de las industrias Laminadora Puerto Rico, Citrex, Oleo Tung, aserraderos, molinos de yerba y almidoneras.
Hoy, la calle Pellegrini sigue siendo protagonista de un barrio que alcanzó su máximo desarrollo en el sentido Este-Oeste, cuyas calles se encuentran empedradas, con acceso a todos los servicios que disfrutan los habitantes del centro.

 

PUERTO RICO, aguas profundas y lapachos

Publicado el 24/05/2009
por Leonor Kuhn

 

Puerto Rico, distante a 140 km. de Posadas, capital de la provincia, es una ciudad recostada en el margen izquierdo del río Paraná, que desde siempre formó un vínculo entrañable con el pueblo: antes, porque fue el inicio mismo del trazado urbano, único acceso de viajeros, mercaderías, correspondencia… y ahora, suministro de agua y fuente de solaz y esparcimiento.

 

Puerto Rico, como otras ciudades del Alto Paraná, irrumpe en la historia misionera, en las primeras décadas del siglo XX, cuando durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen se producen importantes movimientos de colonización privada en el entonces Territorio Nacional de Misiones. En este caso, bajo la dirección de don Carlos Culmey, ingeniero alemán que ya había fundado pueblos en el sur de Brasil, y que formaliza en Buenos Aires en mayo de 1919, la Compañía Colonizadora Alto Paraná Culmey, acompañado del sacerdote jesuita Max Von Lassberg, consejero espiritual de la naciente colonia. A fines de ese año se produce el desembarco sucesivo de inmigrantes brasileños de origen alemán, reclutados por Culmey, quien declara fundada la nueva colonia el 12 de noviembre de 1919.

 

Como la mayor parte de la provincia de Misiones, esta región, fue el hogar de los grupos nómades prehistóricos primero, de los Guaraníes después, y objeto de una intensa economía extractiva en las décadas previas a la fundación, recorrida entonces por obrajeros, capataces, mensúes, aventureros, que no formaron poblaciones estables, permitiendo instalar en el pensamiento de de los colonos traídos por Culmey, la fantasía de ser los “primeros”.

 

Muchos más siguieron llegando: europeos y gente de otras provincias que se sumaron a tantas generaciones que dieron lugar a una trama de interacciones conjugando sueños, trabajo, tensiones, cambios, avances y retrocesos, cuya expresión visible es una pintoresca ciudad de casi 20.000 habitantes.

 

Originalmente, Puerto Rico fue concebida como una colonia agrícola, cuyo primer emplazamiento estuvo algunos km. más al norte, en el paraje San Alberto, pero ante las dificultades que causaba la escasa profundidad de las aguas del Paraná en ese sitio, Culmey explora la costa y decide el traslado del asentamiento hacia el sur, al lugar que ocupa actualmente, por considerarlo “rico en aguas profundas”, circunstancia que plasmó para siempre la toponimia de la ciudad.

 

Años bravos llenos de dificultades en medio de la selva y del aislamiento, fueron las circunstancias de los primeros colonos, que sin embargo, poco a poco transformaron ese espacio prístino, en un mosaico de chacras, potreros, picadas, convergentes hacia el puerto, único portal de acceso por muchos años.

 

Y como todas las colonias agrícolas del Alto Paraná, aquí se plantó, yerba, tabaco, tung, maíz, mandioca, cítricos; se instalaron olerías [1], fábricas de almidón de mandioca, aserraderos, fábrica de esencias y jugos cítricos, laminadora, lo que al promediar la década del 60, ameritó el nombre de “capital de la industria”, que todavía se lee en el arco de acceso sobre la ruta nacional 12, pero poco tiene que ver con la realidad actual, donde las contra marchas de la economía desplazaron penosamente aquel dinamismo industrial.

 

Si bien los contingentes de los primeros inmigrantes fueron mayoritariamente brasileños de origen alemán, también se incorporaron europeos, especialmente alemanes y suizos, además de criollos y paraguayos que ya trabajaban en los obrajes de la zona, conjugando una sociedad con núcleos muy cerrados al comienzo, con marcado etnocentrismo, situación que comenzó a modificarse lentamente, que sumado a una importante migración desde otras provincias como Entre Ríos, Buenos Aires, Corrientes, etc., a partir de los 50 y 60 generó interesantes cambios, sobre todo en el ámbito de las mentalidades.

 

El proceso de urbanización de la antigua colonia de Puerto Rico, coloca el vínculo rural-urbano como elemento constitutivo de su personalidad. Las chacras más cercanas al primitivo núcleo céntrico, se fragmentan en lotes y manzanas en función de las construcciones ya existentes, que agregado a la topografía de la zona con pendiente general hacia el río, dio lugar a un trazado bastante irregular. Aún hoy, y a pesar de ser una ciudad con todos los servicios, no abandona la impronta de su origen campesino, que se aprecia en sus casas con jardines, plantas y flores, y un estilo de vida donde se mezclan los hábitos pueblerinos con lo más actual de la globalización.

 

A partir de la apertura de la ruta nacional 12, nuevos patrones de circulación se instalan. El centro experimenta un desplazamiento más próximo a la ruta, se abandona progresivamente el transporte fluvial, y con él, se gesta una inexplicable indiferencia hacia el río Paraná, que recién en estos últimos años recupera en parte la atención, con la construcción de una hermosa avenida costanera, muy frecuentada por los lugareños, y carta de presentación para los visitantes.

Puerto Rico hoy

Geográficamente nuestra ciudad posee una ubicación de privilegio, pues se encuentra casi en la mitad del recorrido Posadas-Iguazú, con enlaces cercanos a la mayoría de los atractivos turísticos de la provincia, situación que potencia la posibilidad de convertirla en un importante centro de servicios para el turismo internacional, atraído por las Cataratas del Iguazú. Asimismo integra junto a las localidades vecinas, la micro Región de las Flores, que le otorga identidad diferenciada según la nueva regionalización turística provincial.

 

Categorizar nuestra ciudad desde un criterio cuantitativo llevaría a considerarla una ciudad intermedia dentro del sistema urbano provincial, pero si la vemos desde parámetros cualitativos, donde se tiene en cuenta el modo de vida, podríamos decir que se trata de un centro urbano un tanto indefinido que alterna entre un pueblo provinciano donde priman las relaciones cara a cara de sus pobladores, y una ciudad con los servicios y patrones de consumo al mejor estilo de las grandes ciudades.

 

La ciudad se extiende entre dos avenidas principales, con una traza irregular donde predominan las viviendas unifamiliares de estilos arquitectónicos muy eclécticos, pero, en general, modernas construcciones, profusamente iluminadas con grandes ventanales, frentes de ladrillo “a la vista” de procedencia local, colocados con técnicas artesanales del dominio de los constructores de la zona.

 

Lo que confiere identidad paisajística a la ciudad son las calles arboladas especialmente con lapachos, sobre todo los de flores amarillas, si bien también los hay de flores rosadas y de blancas, que en algunas veredas se alternan, mientras que en otras predomina uno u otro color. La floración de los lapachos se produce a fines de julio o comienzos de agosto, anunciando la cada vez más temprana primavera de la tierra colorada. La gran mayoría de los vecinos celebra el colorido estallido de la naturaleza, organizando paseos y caminatas, sacando fotos, que capturan para siempre las marcas distintivas de cada calle de lapachos.

 

La pequeña aldea campesina transformada en ciudad en un constante proceso de crecimiento, trajo consigo la creación de más centros sociales y culturales, escuelas de todos los niveles y diferentes modalidades. Es así que Puerto Rico, cabecera del departamento Libertador General San Martín, tiene varios establecimientos escolares de Educación General Básica y en cuanto a la educación Secundaria existen las modalidades de Humanidades y Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Organización y Gestión, Bienes y Servicios. También hay ofertas de educación superior: Profesorado de Educación Especial, Profesorado de Educación Primaria, Instituto Superior Agroindustrial, Instituto Argentino de Estudios Superiores, con varias carreras, una extensión de la Universidad Nacional de Misiones, con la Tecnicatura en Comunicación Social además de otras opciones de estudios universitarios semi presenciales. Sin embargo consideramos que las alternativas para nuestros jóvenes aún son insuficientes, circunstancia que obliga al desarraigo tan común en el interior de las provincias.

 

Si miráramos a Puerto Rico a vuelo de pájaro veríamos un crecimiento urbanístico que “estiró” a la ciudad hacia el Sur y el Este, sobreimprimiéndose sobre la zona peri urbana, plural, abierta, atravesada por la ruta nacional 12 , dinámico vaivén que permite la llegada de lo nuevo.


[1] Las “olerías” son los establecimientos industriales donde se elabora los ladrillos. Son muy famosas las olerías de la zona, con tecnología traída por los inmigrantes teutobrasileños, cotizados por su acabado prolijo, con gran demanda en otras regiones del país.

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