Historia Regional

Trabajo De Los Colonos En Las Primeras Décadas De Puerto Rico

Publicado el 05/09/2009
por Matias Morawicki

Prof. Leonor Kuhn

A fines del siglo XIX,  con la creación del Territorio Nacional de Misiones, el estado argentino inicia una política de ocupación efectiva de las tierras más alejadas, consideradas “vacías”. Comienza entonces una entrada masiva de inmigrantes europeos de diferentes nacionalidades, población que se suma a la preexistente, fruto de constantes migraciones fronterizas motivadas por contiendas bélicas como La Guerra de la Triple Alianza, o del sistema de economía extractiva de la yerba y la madera.

El repoblamiento de la actual provincia de Misiones desde fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, reconoce tres modalidades de inmigración: oficial, espontánea y privada. La inmigración de familias de origen alemán al territorio misionero, corresponde principalmente a esta última modalidad.

Carlos Culmey, ingeniero alemán, funda Puerto Rico en 1919 y Montecarlo en 1920, mientras que Adolfo Schwelm hace lo propio con Eldorado en 1921. Estas tres colonias, ubicadas en el margen izquierdo del Alto Paraná, constituyen los núcleos de mayor presencia alemana en Misiones. Ahora bien, dentro de esa vasta comunidad de origen alemán, se advierte una  diferenciación interna según su procedencia: alemanes llegados directamente de Europa (constituyen la mayoría en Eldorado un número importante en Montecarlo, mientras que en Puerto Rico son la minoría), brasileños de origen alemán, llegados a Brasil en diferentes oleadas a partir de 1824, y alemanes del Volga procedentes algunos de Brasil, y  de migraciones internas de  nuestro país.

En este contexto llamamos “colonos” a las familias instaladas en las chacras, dedicadas a la actividad agropecuaria a escala doméstica con un paulatino viraje hacia una pequeña economía de mercado que ha permitido el progreso creciente de las familias.

La colonización propiciada por las compañías privadas se basó principalmente en un modelo de ocupación minifundista de pequeñas propiedades familiares, adquiridas por compra, generalmente a plazos, en la que  cada familia desarrollaba sus actividades agrícolas de economía autosuficiente, donde la unidad doméstica así considerada constituye un complejo material y simbólico, escenario de la cotidianeidad de los colonos.

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LA CHACRA

Los motivos que impulsaron a los campesinos alemanes de Brasil a abandonar sus tierras en busca de mejores oportunidades  fueron variados y complejos, pero emerge con insistencia la idea de adquirir tierra fértil, abundante y barata. 
El colono alemán-brasileño, es portador de una cultura en la que prevalece una ancestral valoración de la tierra, y ser “propietario” de una parcela asegura la supervivencia  propia y de su familia, constituye un medio de inserción social y ciudadana. Muchas veces la pérdida de la propiedad fue traumática, vivida como fracaso social, y ponía en riesgo hasta los mismos vínculos del núcleo familiar.
El acceso a la tierra, fue entonces el principal objetivo de los colonos, que en su gran mayoría eran agricultores. Algunos habían adquirido sus tierras “sobre el mapa” en Brasil, mientras que otros realizaban la compra, al contado o a plazos (de acuerdo a las posibilidades) a partir de su arribo al lugar.
El modelo de fraccionamiento de las parcelas adoptado por las compañías de colonización privadas, corresponde al Waldhufen o “picada” que atendía las características edáficas y topográficas del territorio, de lo que resultan lotes de entre 25 y 27  hectáreas  paralelos entre sí y  perpendiculares a un camino o picada trazado en las lomadas interfluviales, con el fondo del terreno sobre un arroyo.  Este sistema,  garantizaba el abastecimiento de agua permanente y una cierta equidad en la distribución del suelo.
En un primer momento el lote o parcela, estaba cubierto de selva virgen aunque ésta ya venía siendo explotada por las empresas madereras desde hacía siglos, por cuanto los terrenos más próximos al río Paraná o más alejados pero con buenas condiciones de accesibilidad, carecían en ese momento de una alta densidad de especies de Ley . La primera tarea de los colonos fue el desmonte, que lo realizaban mediante la práctica del “rozado” ,  técnica asimilada en Brasil. En la organización de la parcela el colono desmontaba sólo lo que consideraba necesario, es decir, un claro suficiente para el emplazamiento de la vivienda, huerta, superficie destinada a cultivos anuales o perennes,  galpones y potrero para la cría de ganado y el resto permanecía cubierto de monte.   La superficie abierta, por lo general, no superaba el 50% del total del predio.
El valor de la propiedad estaba en relación directa con la superficie de monte nativo, que para el colono representaba  una reserva para el futuro, ya que el mismo servía para extraer madera, leña, medicinas, era el hogar de los animales silvestres que le servían de alimento; asimismo podía brindar recursos en cualquier emergencia que se presente, o para extender la superficie cultivable. Pero además, el monte era un espacio portador de un valor simbólico que despertaba en los colonos sentimientos y emociones contradictorios: temor a lo desconocido, admiración por la magnificencia de la naturaleza, representaba el escenario que desafiaba al coraje y al empeño por doblegarlo.
Por el sistema de parcelamiento aplicado (Waldhufendorf) o una combinación de  lotes alargados (lonjas ortogonales) ,  que aseguraba el acceso a un arroyo o vertiente, y por la particular topografía de la región, consistente en una sucesión de lomadas con pendiente general hacia el río Paraná, en la mayoría de los lotes, se encontraban cercanos al arroyo, importantes yacimientos de arcilla,   materia prima de las “olerías”    industria característica de los alemanes-brasileños.
Un elemento que no estaba ausente en ninguna unidad doméstica, era el “potrero”, con superficies que oscilaban entre una o tres hectáreas aproximadamente  siempre lindantes con el arroyo o vertiente, dedicado a la cría de ganado vacuno y caballar principalmente. Como la zona carece de pasturas naturales, el pasto fue cultivado con plantines traídos por los inmigrantes desde Brasil.

VIVIENDA, GALPONES Y CORRALES

La primera preocupación sin duda de los inmigrantes, fue la construcción de sus viviendas, que cobijarían a sus familias. Así como tener un terreno propio fue muy importante para los colonos, la casa fue siempre un objetivo central. Respondía  a una concepción de familia estable y duradera en constante crecimiento y la vivienda definitiva debía ser sólida y durable. No se pensaba en una movilidad geográfica.
Las crónicas de los primeros tiempos de la colonización registran que al principio la mayoría de las familias se refugiaban en chozas armadas con palos y ramas   para  pasar después a la construcción  de casas provisorias de madera, con tablas aserradas en forma precaria, generalmente poco estacionadas. La estructura de la casa iba montada sobre unos postes de madera, elevados unos 50 cm. o más del suelo. Los techos, se cubrían con una especie de tejas, “tablillas” de incienso rajadas a mano, bastante resistentes a la intemperie. Las casas contaban con uno, dos o tres dormitorios, cocina, comedor, y raras, veces una sala, al frente y o al fondo una galería. Las ventanas eran de madera, Si aplicamos el concepto de comodidad y confort a los que podemos estar habituados hoy en día, aquellas viviendas nos parecerían extremadamente precarias. Las distintas dependencias cumplían a su vez, funciones bien diferenciadas.
A medida que las familias de las colonias lograban progresar, se abocaban a la construcción de la vivienda definitiva. El modelo de casa mas utilizado era el “Fachwerkhaus”,  que consistía en una sólida estructura con gruesas vigas de madera trabajadas a mano, unidas con tarugos, también de madera. El esqueleto era rellenado con ladrillos unidos con barro y luego revocados.
Estas construcciones disponían de todas las dependencias consideradas necesarias, en algunas, constituían dos cuerpos separados por un corredor; en uno se ubicaba la cocina, lavadero con cisterna, comedor a veces despensa, mientras que en el otro bloque iban los dormitorios y la sala. La mayoría de las casas contaban con un amplio sótano, destinado a guardar productos alimenticios elaborados por los colonos.
Con el tiempo, a medida que las colonias accedía a nuevos materiales se iban reemplazando por ejemplo los techos con chapas de cinc.
La casa como espacio de reproducción de saberes y costumbres, era también el centro organizador de las actividades cotidianas de sus miembros y la expresión visible de la identidad y de las representaciones que tenían de sí mismos como etnia alemana-brasilera  por cuanto procuraban que tuviera un aspecto limpio, decoroso y cuidado (Wohnkultur)

En contacto con la vivienda se desarrollaba el patio, generalmente de tierra que se mantenía limpio y alisado a fuerza de barridas. Algunas familias colocaban ladrillos de plano en el sector en contacto con la vivienda. El jardín siempre fue objeto de cuidado por parte de las amas de casa, pero con las limitaciones propias de la época. Como no se disponía de máquinas para cortar césped, no se cultivaba pasto, sino que se organizaban canteros con flores o plantas decorativas.
Muy próximo a la casa se plantaban árboles frutales y se hacía la huerta , muy importante ya que la economía del colono se basaba en la autoproducción y consumo.
Muchas de estas unidades domésticas contaban con parrales de uvas, especies traídas de Brasil, aclimatadas al ambiente subtropical.
Otro elemento destacado era el galpón, depósito construido en madera, que cumplía con la función de resguardar las herramientas, arados, carros, sulkis, monturas, como para almacenar productos  (maíz, tabaco, batatas, papas, zapallos, forrajes). En este ambiente trabajaban los colonos en las largas jornadas de lluvia que eran frecuentes en otoño y primavera, dedicándose a todo tipo de reparaciones y trabajos manuales. En conexión con el galpón se construían los establos que guarecían a vacas y terneros durante el ordeñe.
La mayoría de los colonos se dedicaban a la cría de cerdos y aves de corral, por lo tanto, no faltaba en el espacio descrito, los chiqueros y gallineros, a veces muy precarios, construidos con palos y ramas y más tarde con madera; en muchos casos, no había gallineros y las gallinas se trepaban a los árboles para dormir. Otros en cambio lograban organizar gallineros con amplios corrales para distintos tipos de aves (gallinas, patos, gansos) como también chiqueros con el máximo de comodidad apuntando a la mayor diversificación de la producción doméstica.
Otro elemento dentro de las construcciones accesorias al galpón, eran las casillas ahumadoras pequeños recintos con un fogón en el piso y ganchos en el techo, destinados a ahumar la carne y facturas de cerdo.
Completaban el repertorio de construcciones en los alrededores de la vivienda, un horno de ladrillo a leña, destinado a la cocción del pan y demás panificados, y la presencia de un pozo para abastecimiento de agua para consumo humano.   Herman Müller nos relata con riqueza de detalles, como algo tan elemental como conseguir el abastecimiento de agua, podía representar una hazaña.
El aislamiento geográfico de las colonias de la costa del Paraná (su único acceso fue la vía fluvial) fue un condicionante para que las soluciones a sus necesidades se generaran desde el interior de ellas. Fue así que muchos paisajes de unidades domésticas, se completaban con instalaciones de industrias como aserraderos, olerías y fábricas de almidón de mandioca, siempre ubicadas próximas a una fuente de agua ya sea para obtener energía con ruedas hidráulicas, o para usarlo en el proceso industrial, y con acceso al camino rural o picada.

TRABAJO Y PRODUCCIÓN

El modelo de trabajo de los colonos alemanes-brasileros se basaba en una explotación agro-ganadera familiar, caracterizada por la diversificación de cultivos y el empleo de técnicas agrícolas primitivas (machete, azada, arado a tracción animal), cuya producción era destinada en principio al consumo de la familia, cuyos excedentes eran entregados en los almacenes locales a cambio de otras mercaderías, no producidas en la esfera doméstica.
Con respecto al uso de la mano de obra familiar existía una gran valoración de la autonomía  y la “capacidad de trabajo” como rasgo étnico, lo que explica la gran resistencia de los colonos a contratar mano de obra externa. Sin embargo, los peones se tornaban necesarios en ciertos momentos del ciclo productivo (carpida, cosecha). En muchos casos esto se resolvía con la colaboración de algún vecino o pariente, y en último caso, se acudía a la mano de obra del criollo. 
En los inicios de las colonias, debido a las condiciones generales de precariedad se puede decir que la actividad agropecuaria se inscribe dentro de las características de subsistencia; más tarde con la introducción de cultivos como tabaco , yerba mate y cítricos, y la cría de cerdos se ampliaron las posibilidades de acumulación de capital de los colonos.
Los primeros cultivos  en cada chacra, por su rápido desarrollo y el conocimiento que sobre ellos tenían los alemanes-brasileños, fueron por excelencia el maíz, el poroto y la mandioca, base de su alimentación, y forraje para los vacunos, cerdos y aves de corral.
La organización del trabajo tenía fuertes rasgos de estacionalidad, marcado principalmente por los ciclos climáticos (invierno, verano, temporadas de sequía, lluvias).
En este sentido podemos considerar como trabajos propios de otoño-invierno las tareas relativas a la instalación y puesta en marcha de la huerta.
Estos trabajos comenzaban en febrero y marzo cuando se punteaba la tierra y se le incorporaba el humus del monte, y más tarde estiércol de los animales domésticos. Cuando la familia contaba con aves de corral, cerdos y vacunos (que era lo mas frecuente) la parcela destinada a la huerta era cerrada con varas más o menos gruesas o trozos de tacuara (bambú)  cortadas longitudinalmente y atadas con alambre o hilo velero. Más tarde estos primitivos cercos eran reemplazados por tejidos de alambre. Después, de preparados los almácigos se sembraban las verduras, que luego eran transplantadas en un día de lluvia.
Una mención especial merece el cultivo del tabaco, tarea que también  corresponde a la época invernal; para junio se sembraban las semillas en almácigos con abundante humus y bien protegidos del sol y las fuertes  lluvias (se ubicaban generalmente al borde del monte). Luego se trasplantaba a tierra (al final de una lluvia, preferentemente bajo la llovizna) y comenzaba el cuidado de la planta, carpiendo y quitando los yuyos. Este cultivo requería el máximo cuidado, ya que era fundamental, obtener una hoja sana sin perforaciones. Justamente una plaga que atacaba al tabaco, era una variedad de orugas, que había que retirarlas a mano, para no dañar las hojas. Las variedades que se producían en el Alto Paraná (Puerto Rico, Monte Carlo y Eldorado) fueron el Criollo Misionero, Kentucky, Burley, Florida, etc.   
Otras actividades propias de la estación tenían que ver con los preparativos para “pasar el invierno” como, por ejemplo asegurar los galpones, almacenar el maíz, cortar y picar leña, tapar las ramas de la mandioca para protegerlas de las heladas. También se almacenaban zapallos destinados a la alimentación de cerdos y vacunos.
Merece mención especial la trilla de los porotos, que luego de cosechadas las plantas enteras se colocaban sobre una ponchada de lona y se ponían al sol en días de poca humedad, para su secado: una vez bien secas y crujientes eran golpeadas con garrotes para aflojar los porotos de las vainas. Para separar la semilla de la basura se aventaba levantando puñados de porotos, dejándolos caer, hasta su máxima limpieza. Después se envasaban en bolsas de arpillera y se guardaban en los galpones.
Para descascarar el arroz o moler yerba, se utilizaba un tipo de molino denominado “monjolo”. Se componía de un palo equilibrado sobre un eje. Una de sus puntas terminaba en forma de batea, recibía una corriente de agua que al llenarla, la obligaba a bajar hasta descargarla. La otra punta estaba armada de un pilón que se levantaba al bajar la batea, y que caía con fuerza dentro, de un mortero, cuando aquella se vaciaba.
En esta época del año también se acostumbraba cortar la caña de azúcar que se exprimía en trapiches, totalmente construidos en madera, accionados a tracción animal o humana. El jugo así obtenido se hervía, hasta transformarlo en un almíbar liviano llamado miel de caña que reemplazaba al azúcar que en aquellos tiempos era un producto muy costoso.
El otoño e invierno de los primeros tiempos de la colonia, solía presentar periodos bastante prolongados de lluvia, tal vez por la presencia de la exuberante selva. Pero esos días que impedían el trabajo intensivo en la chacra y otras tareas al aire libre, eran igualmente aprovechados para realizar aquellas actividades que de todos modos debían realizarse y podían hacerse bajo techo, como por ejemplo, picar leña, pelar y desgranar maíz, tizar chala de maíz destinada al relleno de colchones (tarea generalmente a cargo de los niños), trenzar tientos de cuero para fabricar rebenques, torcer tabaco (cuerda) que después se enrollaba para armar cigarros de chala ,  acondicionamiento de los implementos de pesca y armas de cacería, como todo tipo de reparaciones de herramientas de labranza, utensilios e instalaciones. Los hombres solían dedicarse a la pesca en esos días.
Con la llegada de la primavera y a medida que se prolongaba la duración de la luz solar, se iba modificando poco a poco la rutina de trabajo, especialmente las relacionadas con las tareas al aire libre. Los trabajos se iniciaban con la primera luz del día concentrados principalmente en la limpieza y preparación de la tierra para la siembra de los cultivos anuales como maíz, mandioca, porotos, zapallos, sandias, melones, arroz (variedad de tierra. seca), cebollas, pepinos, etc.
Como las parcelas estaban recién desmontadas, el suelo era muy fértil, por lo que no había preocupación  por abonar la tierra. Tampoco se tenía conciencia de la rápida degradación de los suelos por efecto de las torrenciales lluvias y del declive de los terrenos, por lo que se trasplantaban las prácticas agrícolas propias de las llanuras europeas, con las lamentables consecuencias que hoy conocemos.
La tarea de arar se realizaba con arados construidos por los colonos y que consistían en una “canga” generalmente de “sapui”, árbol de madera resistente y liviana para no lastimar el pescuezo de los bueyes que se uncían a é1; de éste salía la vara (que indistintamente servia para el carro, o arado) de guatambú. Detrás y a un ángulo de 45º llevaba un palo de madera resistente donde se colocaba una hoja de acero de diferentes formas, que según la necesidad podía ser de “tumba” o para abrir surcos. En la parte superior salían un par de brazos que el colono utilizaba para controlarlo, mientras que los bueyes se dirigían mediante una soga atada a la oreja exterior de cada buey era tironeada mientras el arador expresaba a viva voz un código muy peculiar “hooit”, “haar” que las bestias interpretaban como “derecha”, “izquierda”. Este era un trabajo muy pesado, realizado generalmente por varones adultos que en no pocas acciones derivaban en algún problema de columna como consecuencia del sobreesfuerzo.
Una vez preparada la tierra se procedía a la siembra donde se aplicaban distintas técnicas, según el cultivo.
El maíz se plantaba con un implemento de madera y chapa que tenia un depósito para la semilla, accionado manualmente que al hincarse en la tierra, expulsaba la cantidad necesaria de granos y al ser retirado, tapaba la tierra. También se lo utilizaba para la siembra de porotos, cabe aclarar que esta herramienta de labranza se sigue utilizando hoy en día en muchas chacras.
Promediando la primavera, culminaba la producción de verduras de la huerta, por lo que se procedía a elaborar todo tipo de conservas, especialmente de repollo envasado en botellas de vidrio (Chucrut) como también una variedad de dulces en base a miel de caña y pulpa de frutas. Esta tarea era realizada por las mujeres. Durante todo el verano y hasta el momento, de la cosecha, permanentemente era necesario controlar los yuyos. Este trabajo se hacia con azadas, y mantenía ocupada a toda la mano de obra disponible, incluidos los niños.
El momento, de la mayoría de las cosechas se producía al finalizar el verano, o al comienzo del otoño y requería la colaboración de toda la familia. En ocasiones se ayudaban los vecinos alternando en sus respectivas chacras.
Una vez madurado el maíz, se doblaba el tallo, para evitar que el agua de lluvia estropee la espiga madura que permanecía en la planta por algún tiempo, hasta su cosecha. Casi todos los productos eran apilados en montones lo más próximos a un sendero donde eran cargados en carros tirados por bueyes para su traslado hasta los galpones.
Los cultivos perennes que fueron implantados en las colonias del Alto Paraná fueron: la yerba mate, tung, cítricos y recién entrada la década del 40, se comenzó con las forestaciones de pinos  fueron en realidad la base de la expansión económica de las colonias. A su vez, cada uno de los cultivos estaba asociado a altibajos dependiendo de las fluctuaciones de los mercados internacionales, de manera que aquellos colonos que sabían ver la oportunidad de cada cultivo, son los que lograron un recorrido más exitoso. 

Además de los trabajos estacionales los colonos realizaban todo tipo de tareas vinculadas con la organización del nuevo espacio en expansión o con la provisión de alimentos, como por ejemplo la faena. Se elegía un día fresco con poca humedad para faenar vacunos, y o cerdos destinados, a la alimentación de las familias. La carne vacuna, a los efectos de conservarla, se la cortaba en tiras que eran puestas a secar o bien saladas y ahumadas. Para ello se construía una casilla con un fogón en el piso que servia para mantener humo por varios días, Esto luego era almacenado en un lugar fresco y seco. En la mayoría de las casas se utilizaba la “despensa” con este fin.
Durante la faena de cerdos se procedía a procesar la grasa colocando la misma en grandes recipientes de lata al fuego, cortado en pequeños trozos. Una vez suelta. la grasa quedaba el “chicharrón” que se utilizaba para enriquecer la masa del pan u otras recetas.
Las colonias se fueron gestando sobre una base de estructura agraria, no obstante había otras necesidades que satisfacer. Es así como surgen otras actividades u oficios como comerciantes, herreros, carpinteros, albañiles, zapateros, peluqueros, etc., que aumentaban en cantidad y variedad con el crecimiento de la población. Las primeras industrias de la zona fueron aserraderos, olerías, y fabricas de almidón de mandioca. 
Según relatos de los pioneros, el comienzo de la colonia fue cimentado sobre una fuerte base solidaria, ya que las familias se ayudaban mutuamente para desmontar, construir las viviendas, los galpones, durante la faena de animales, preparar la tierra, cultivar o cosechar. De igual manera, se compartían las provisiones en casos de fracaso de cosechas por sequías, incendios, ataques de langostas o en circunstancias adversas como tormentas, granizadas o tornados.
Con respecto a la organización del trabajo al interior de la  unidad doméstica, se basaba en la división de género. Así los varones (el padre e hijos jóvenes y adultos) representaban la imagen pública de la unidad se los asociaba con la fuerza, la  contracción al trabajo, por lo tanto fueron ellos los encargados de realizar los trabajos más duros, toscos, o peligrosos como el desmonte, arada, construcción de viviendas y galpones, castrar novillos, etc. En cambio las mujeres se relacionaban más con lo interior, silencioso, aunque la “capacidad de trabajo” no reconoce diferencia de género. Las mujeres tenían a su cargo el conjunto de tareas que demandaba la reproducción cotidiana del grupo (limpieza de la vivienda, elaboración de comidas, lavado de ropa, cuidado de los niños) además se ocupaban de la huerta, el jardín, las gallinas, el ordeñe y tantas otras tareas.
Existía un conjunto de trabajos donde la segregación de género fue menos estricta, y la distribución del mismo estaba en relación a las necesidades del momento como sembrar, transplantar, clasificar tabaco, y toda aquella tarea que implicaba mucha mano de obra.
También los niños colaboraban desde muy temprana edad en función de su capacidad operativa y de las cualidades de cada operación.
Una característica común en las familias de origen alemán- brasileño, era la austeridad en su manera de vivir, que se manifestaba en toda su organización doméstica: nada se desperdiciaba, se valoraba el esfuerzo invertido en el logro de las propiedades, y se anhelaba el progreso económico considerado como fruto de la disciplina en el trabajo y del ahorro.
En los ciclos económicos negativos, y cuando las unidades domésticas, ya no aseguraban la autosuficiencia, los colonos se organizaron en cooperativas , en las cuales, muchos descendientes de alemanes-brasileños, tuvieron destacada participación como dirigentes.

ALGUNAS CONCLUSIONES

Si bien hubo trayectorias individuales y particulares, se puede observar como tendencia general de las colonias de alemanes brasileños:

–    La unidad doméstica fue la base de la organización familiar en pos de un progreso constante.
–    Fue establecida en pequeñas propiedades, en lotes de 25 a 30 hectáreas, dispuestos a lo largo de una picada o línea, con acceso a una fuente de agua.
–    El trabajo se articulaba en torno a la explotación agropecuaria, con alta diversificación de cultivos, y la cría de ganado vacuno, porcino, caballar y aves de corral.
–    Los objetivos de la explotación apuntaban en primer lugar al autoconsumo, y a la venta del excedente a los negocios de ramos generales de la zona, y más tarde a la exportación.
–    La tecnología aplicada en las tareas agrícolas e industriales, fueron en gran medida, producto de su asimilación en el Brasil.
–    El conocimiento de la selva, la tierra, cultivos autóctonos y técnicas en relación, les permitieron constituirse en los mentores de los inmigrantes llegados directamente de Europa.
–    El trabajo se basaba en la mano de obra familiar, con auxilio de vecinos o parientes en ocasiones de levantar construcciones, cosechas, etc., siendo en general  resistentes al contrato de peones criollos.
–    Algunos trabajos eran ejecutados con un criterio de diferenciación de sexos basados en tradiciones propias del grupo.
–    La colectividad es reconocida como la iniciadora de industrias características de la zona como las olerías y fábricas de almidón de mandioca.
–    El aporte al desarrollo económico de la provincia es significativo, tanto en la actividad agropecuaria, agroindustria y la participación en el cooperativismo.

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