Cuentos y Letras

Milagro en el monte

Publicado el 20/12/2013
por Leonor Kuhn

Pesebre 010Por Rosita Escalada Salvo

El coatí anda nervioso- dijo la Lechuza Sabia que desde la alta rama de un cedro todavía joven, lo observaba. -No deja de caminar de aquí para allá, cuchichea con sus parientes y husmea el suelo.

–        Se le habrá perdido algo, seguro. Mire que se apropian de lo que encuentran a mano, sobre todo en las pasarelas de Cataratas, cuando los turistas se distraen- opinó el Tucán Pico Anaranjado – yo los veo todos los días y les digo: no hagan eso, no coman lo que está en los basureros, se van a indigestar…pero no me hacen caso. Así se murió el abuelo don Coatí Guazú, ahogado con una bolsita plástica…

–        No…no…no! Miré! Ahora traen pajas, están preparando un nido entre esa enredadera de Mburucuyá y a la sombra del Pitango!

–        Y allí se acerca doña Venado, con su hijito…

–        -Apúrense! Escuché que será esta medianoche! Me aseguró el Urutaú, que lo oyó de boca del Yacaré Overo…

–        Y…sí. Boca no le falta – agregó la Lechuza Chuza que también miraba. Pero ¿de qué se trata? Tormenta no amenaza…Hay luna llena…

En eso oyeron un ruido pesado; alguien se acercaba pisando fuerte aunque con pasos felinos.

–        ¡El yaguareté! ¡Huyan, jabalíes, zorritos, monos Tití! Que si anda con hambre…

–        No estoy con apetito – bramó con vozarrón el manchado- vengo a decirles que se preparen. que no falte nadie. Que estén atentos…y que traigan regalos…

–        ¿De quién es el cumpleaños? ¿Dónde será la fiesta? – Preguntaron  a coro las ranitas del manantial.- Porque cuando había un festejo, estaba prohibido cazar a ningún congénere.

–        Es un Nacimiento. Y se recordará en todo el mundo siempre el último mes del año- agregó con respeto.

–        ¿Aquí en el monte? ¿La mamá es una indiecita?…- quiso saber el Oso Hormiguero que apareció desde el hueco de una gran Caña Fístola, con el hocico lleno de tierra y algunas hormigas que le caminaban por el pelaje.

–        No, no. Me contaron que son dos peregrinos que vienen desde muuuuy lejos; y ella está embarazada. Nadie quiere darles un techo. Y pronto va a nacer el Niño. Porque es un varoncito…

–        Y Ud. cómo sabe eso?- Preguntó celosa la Lechuza Sabia que parece que esta vez no sabía nada.

–        Porque soy amigo de un Jesuita cuyo espíritu deambula por estos lugares. El suele leer en un libro…Está condenado a recorrer la selva porque no pudo salvar a los que venían con él, disparando de los enemigos, los “bandeirantes”.

–        Bueno…bueno…bueno…No es noche para cuentos, mejor me voy a dormir- dijo el Tucán y abriendo el enorme pico, bostezó.

Los coatíes seguían juntando pasto tierno, flores perfumadas, y hasta consiguieron una gran canasta de tacuapí, hecha por un indio mbyá, que después serviría de cuna.

Las horas pasaban lentas. Las nubes tapaban a la luna de tanto en tanto. Alguna ramita se rompía delatando que más animales se acercaban. Y un gran silencio rodeaba la semi oscuridad.

De pronto, desde alguna capilla lejana, sonaron doce campanadas que el viento amigo les trajo.

–        Es hora! Es hora! Exclamaron en voz baja.

Una enorme mariposa azul se perfiló en el sendero. Y como aparecidos de la nada, una Mujer y un Hombre que se apoyaba en un bastón, se acercaron al lugar.

Dicen los que dicen que en ese 24 de diciembre, allá en el Parque Nacional del Iguazú, exactamente a la medianoche, hubo un gran resplandor. Una luz celestial que inundó a todos los que tuvieron la suerte de mirar. Y que les transmitió una enorme Paz.

Eso dicen. Eso cuentan. Por eso, yo lo cuento.

 

Rosita Escalada Salvo

En el día de San Valentín

Publicado el 14/02/2012
por Leonor Kuhn

Esta bella efeméride es la ocasión para presentar una poesía de Isidoro Pío Fuhr, poeta amigo y colaborador de SPR

En el día de San Valentín

quiero estar presente,

con el amor de siempre

que hoy festejaremos.

 

Tomare tu rostro entre mis manos

Y con mis besos ira un susurro,

Con un “te quiero”,

Tan solo en un murmullo.

 

Lo fuiste y lo seguirás siendo

Porque no es posible borrar un sentimiento,

el amor que llenó mi vida,

 estará hoy siempre diciendo.

 

La soledad de este poeta,

 hará que sienta en mi alma

 tu acompañamiento,

y brindare por ello

en este día de reconocimiento.

 

El silencio me recogerá

y el cielo es testigo,

de todo el amor que predigo

Por toda la eternidad ¡!

ECOS DEL 9º ENCUENTRO DE DEMENTEAZUL

Publicado el 08/11/2011
por Stella Maris Guibaudo

Compartimos desde SPR un texto que encierra la esencia del evento cultural concretado en el último fin de semana en la localidad de Eldorado.-Oportunidad en la que nuestra revista estuvo representada.-

RESUMEN DEL NOVENO ENCUENTRO DE ESCRITORES EN ELDORADO.-

{por Claudia Queiroz}

Supongamos que había un rincón del jardín aun inexplorado, después de diez años de andar plantando. A unos pocos pasos del sendero recorrido que implica ir del afuera al adentro; se amontonaban las piedras que estaban allí, quién sabe de cuándo.

Supongamos que había llegado el día en que comenzamos a quitarlas, por mero impulso adquirido de andar plantando. De a una, de a poco, con empeño y esfuerzo, hasta que quedaron solo los tréboles caprichosos que nacieron en los bordes y su tejido enmarañado de raíces blancas que arrancamos hasta ver la tierra intacta. Habíamos procurado un nuevo espacio, quedamos maravillados frente a la página en blanco.

Invitamos amigos entrañables, tan entrañables que ya nos sentimos propietarios, y ellos respondieron, como siempre, se plegaron a la movida, o a la removida de la tierra servida, vinieron Eduardo y u comitiva de generosidad y altruismo, Homero, Lautaro, Walter, Emilia. También Vasco, Sidy, Karoso, Nerina y Maby.

Pensamos que era justo compartir el hallazgo con los que ya se habían ido, pero antes nos habían ayudado a plantar otros árboles, partícipes del jardín, participantes en definitiva. Y los vecinos, y los de lejos, todos con sus palabras. Los dementeazules aramos, los de siempre regaron, los de antes tuvieron la oportunidad del reencuentro, los vecinos y los de lejos, abonaron.

Nos contó un pajarito que estuvo Daniel Stéfani aunque no lo vimos, no es fácil traducir lo que cuentan los pajaritos, pero cada tanto, en los tres días que compartimos el hallazgo caía un chaparrón de sus versos y la tierra agradecida, claro.

Está brotando la nueva Antología y, antes de que esté lista, ya vislumbramos otra superficie enmarañada donde despejar escollos, juntos, y empezar de nuevo, por mero impulso adquirido de andar plantando.

Gracias a todos, vuelvan cuando quieran, el espacio se renueva, hay un brote, que valió la pena.

AL QUINTO DÍA

Publicado el 11/08/2011
por Leonor Kuhn

Por Rosita Escalada Salvo

Se inclina sobre la piedra, blanca de jabón, para fregar las percudidas prendas, cuando siente la puntada en la espalda. Dolorosa, profunda y que le corta la respiración. Cree que se va a desmayar y se queda inmóvil, hasta que pase. Con temor inhala lentamente el aire frío de la mañana aún con niebla. Ya no hay punzaso, pero el dolor permanece.
Débiles rayos de sol, oblicuamente rayan la superficie del arroyo y poco a poco la cerrazón va desapareciendo. Sumerge manos y ropa en el agua helada y apura la tarea. Luego tuerce con cuidado, no vaya a ser que se rasgue la tela muy usada. Coloca todo en un tacho y lo acomoda en el ángulo de su cadera. Cuando inicia la caminata, otra vez

la falta de aire y la vista que se le nubla.
Por el trillo aparece uno de los perros, moviendo la cola. Ella apresura la marcha hasta llegar a la casa donde todavía hay silencio. Solo el mayor anda por ahí, meta honda a los pajaritos. Ya le dijo que no, que no haga eso, pero poco caso le hace.
En la cocina el fuego se ha apagado. Putea. Con lo que cuesta encenderlo, leña húmeda, escasez de fósforos. Gurí de mierda, no sirve ni para eso. Le recomendó que lo avivara. Tal vez si sopla con cuidado, debajo de la ceniza pueda haber una brasita. Cuando lo hace, por tercera vez, el dolor, intenso, desconocido.
El lloriqueo del más chico la distrae. Comienzan a levantarse uno a uno, restregando los ojos con sueño. Ella se incorpora y engancha la olla con poroto negro remojado desde la noche; menos mal, logró salvar el fuego.
Luego, la rutina, plaguear con la gurisada que no tiende ni su cama – colchón carcomido sobre el suelo y mantas desparramadas -. Ordena a una de las guainas que barra el patio, termina de vestir al más pequeño, reprende a otro que pelea con el hermano, y toma una azada para carpir los yuyos del maizal.
Pero no alcanza a hacerlo. Un mareo la hace aferrarse al tronco de un árbol. Embarazo no es. Esos síntomas los conoce bien, luego de ocho pariciones. Y su hombre hace ya tres meses que no viene.
Su hombre, el único que conoce, el que changuea por los yerbales, en la cosecha de tabaco o de naranjas. Hace diez años que están juntos. El levantó la casita de madera, con piso sobre pilotes, para que no suban los bichos, las alimañas. Al principio trabajaba en una chacra cercana y venía a dormir con ella todas las noches. Pero la propiedad fue comprada por señores que nunca vieron, para plantar pino; esa y todas las linderas. Menos la de su hombre, porque la tierra no servía, mucha piedra, dijeron. Menos mal. Y allí quedaron. Solo que entonces él, tuvo que buscar en otro lado, lejos. Pero siempre volvía. Siempre vuelve. Con harina, yerba, azúcar, grasa, fósforos y alcohol para desinfectar las picaduras. Y ropa para los gurises. Ropa buena, “ropa usa” dice él. Sí, usada se ve que es, pero qué importa. Todos recibían algo.

Atardece. La madre está acostada y tirita. Tiene frío y fiebre. Los chicos la miran sin saber qué hacer. Con voz débil ella ordena a la niña que haga un mate cocido, que les dé a sus hermanos. Y se hunde en un sopor.

Han pasado tres días. La madre no se mueve, no puede levantarse. Vomita, se queja quedamente. La niña hizo tortas fritas como pudo y con eso se han alimentado. Y frutas, que es invierno y hay naranjas, mandarinas. Arrancó una planta de mandioca, sacó la cáscara de las raíces, puso agua suficiente y esperó que hierva. Sus ocho años han madurado de pronto. Y hasta prepara un té de hojas de naranjo para la enferma.
El cielo ahora se ha encapotado con densas nubes negras. Va a llover y si llueve, no para en una semana.
Todos se apresuran a buscar agua del arroyo, para tomar, para cocinar. Le siguen en fila india los tres perros pulguientos y llenos de garrapatas. Que, menos mal, cazan cuises o comadrejas. Un trueno imprevisto los ensordece, seguido de un rayo que vaya a saber a dónde cayó. El pequeñín, de pasos aún vacilantes, se ha quedado atrás y llora desconsoladamente. Vuelve la niña, lo alza y con la otra mano sostiene una lata que en cada movimiento derrama un poco de líquido.
Apenas entran, se larga la tormenta.
La madre ha perdido la noción del día, de la noche, de lo que le rodea. No hay vecinos cerca. No hay médico ni hospital. Y con lluvia ¿quién se anima a salir? Hay un matungo que para algunos casos aún sirve.

Cuatro días y se acaba la harina. Queda yerba, algo de azúcar mojada y un poco de grasa. Mandioca sobra. Y al fuego hay que cuidarlo para que no se apague. Pero ¿de dónde traer leñita seca? Es tal la pesadumbre que los invade que ni hablan, y se entretienen en espulgar a los perros, jugar a la bolita, al capichuá, al veo-veo. Ninguno sabe leer ni escribir. No hay escuelas por los alrededores.

Al quinto día la madre abre los ojos. Tiene mucha sed y una debilidad extrema. El gurí tendrá que ir por ayuda. Que monte el caballo. Que vaya hasta el pueblo. Pueblo de mal recuerdo, para ella. La única vez que estuvo allí fue con su bebé en brazos, en el hospital. El pobrecito había nacido tan débil. Está desnutrido, le dijeron. Por qué esperó tanto, le dijeron. Se murió, le dijeron. Y con el bulto inerte regresó al monte, gracias al compadre que se apiadó de ambos y los trajo en camioneta. Pero el compadre se fue a vivir a otra provincia.

La lluvia ahora es llovizna y los cascos resbalan en el barro. Hasta el pueblo hay varios kilómetros y está oscureciendo. Tiene miedo de las poras, de los ruidos del monte. Quiere volver, pero sabe que no debe. Talonea al animal que en vano intenta apurar la marcha. Se da cuenta de que está llorando, que no es el agua de la lluvia, sino gruesas lágrimas las que se deslizan por su cara. Borrosamente entrevé un jinete que se le acerca. Otra vez un miedo terrible. Y la luz del atardecer gris que se va yendo. El caballo se detiene y el chico no atina a hacer nada.
Recuerda de pronto los cuentos de asombrados. Precisamente en el puente que debe cruzar, y a esa hora del final del día, se aparece la sombra de un hombre que cabalga un caballo negro. Es un difunto al que lo mataron y su alma vaga buscando al asesino. Quienes lo vieron, perdieron la razón. Envuelto en un poncho, nadie pudo describir su rostro. Y ahora viene a su encuentro, se agranda en el ocaso. Un frío le recorre la espalda y sus ojos de niño miran despavoridos. El terror lo inmoviliza. Debería escapar, pero no puede.

Cuando el hombre está apenas a unos metros, con un alivio infinito, con angustia y alegría, ve que es su padre. Y rompe a llorar con entrecortados sollozos.

 

El primer día de clase

Publicado el 10/02/2011
por Leonor Kuhn

Por Joaquín López

Durante toda la semana de lo único que habla la pequeña María es de que va a ir al colegio. Mira sus crayones de cera, sus libros de pintar y se le encienden sus ojos traviesos. Sus papás, preocupados de que no se adapte, la sondean de vez en cuando: nena, ¿verdad que no vas a llorar? La nena contesta que no, mientras sigue mirando sus crayones de cera y las acuarelas de colores. Su mamá la mira e intenta adivinar qué podrá sentir una niña de cuatro años que irá por primera vez al colegio.

La mamá de la pequeña María se recuerda que en su primer día de clases ella lloró toda la mañana. Al regresar a casa, ese día, no le habló el resto de la tarde a su mamá, que la había abandonado en el colegio a su suerte. La estrategia de su maestra fue enseñarle una muñeca con la que jugaría ella si entraba al aula. En ese descuido, su mamá se fue a casa. Al siguiente día, ella no quería saber nada del colegio. Pero fue entonces que su papá se acercó, se la sentó en las piernas y le dijo que todas las niñas bonitas siempre iban al colegio, y que si se iba al colegio de buena gana, la invitaba a comer a Pollo Campero el domingo.

Ahora le toca a ella la tarea de ir a dejar la pequeña María. Piensa en todas las historias que se cuentan de niños golpeados por otros, abusados por profesores, castigos exagerados, tareas agotadoras. Será la primera vez que María se las tendrá que arreglar solita, pero también será la primera vez que ella se quedará sola en la casa. Es increíble cómo llena la casa un niño. No sólo a María le puede hacer falta la casa, también la casa la extrañará a ella.

Llega entonces el primer día de clases. María ya está peinada, con dos colitas de pelo, su uniforme azul y blanco, su lonchera y su mochila de princesas. Lleva puesta su sonrisa de siempre, pero unas cuadras antes de llegar al colegio la sonrisa desaparece. La maestra saluda a la mamá, se presenta a la niña, e inclinándose, le dice que es una niña muy bonita y que su mochila está linda. La niña está seria, su sonrisa sigue desaparecida. La maestra entonces trae a otra niña que ya ha estado antes en el colegio y les propone que jueguen. La niña le dice que jueguen de “la lleva” y la pequeña María, dudosa, acepta, y las dos salen corriendo a encontrarse con otro grupo de niños. La mamá, aguantando el llanto, se va del colegio. Al regresar, la casa en completo silencio le recuerda que la pequeña María ha empezado a aprender a hacer vida independiente. La ausencia de ruidos la pone un poco triste. Pero ocupada por los quehaceres se le pasa la mañana y llega la hora de ir por María.

La pequeña María está muy animada cuando llega su mamá al colegio, y al verla, sale corriendo a abrazarla y le dice que hizo dibujos, pintó y jugó con las otras niñas. Otro niño se pasó llorando toda la mañana y a ella no le gustó eso. Está chilero el colegio mama, dice. Su mamá respira aliviada y la felicita por haber superado el primer día de clases. ¿Ya viste?, es bonito estudiar, le dice. Sí mami, dice la niña, sonriendo. En el camino de regreso a casa, la nena brinca y canta una canción que aprendió hoy. Su mamá sonríe al verle sus ojitos hinchados.

El primer día de clase

Publicado el 10/02/2011
por Leonor Kuhn

Por Joaquín López

Durante toda la semana de lo único que habla la pequeña María es de que va a ir al colegio. Mira sus crayones de cera, sus libros de pintar y se le encienden sus ojos traviesos. Sus papás, preocupados de que no se adapte, la sondean de vez en cuando: nena, ¿verdad que no vas a llorar? La nena contesta que no, mientras sigue mirando sus crayones de cera y las acuarelas de colores. Su mamá la mira e intenta adivinar qué podrá sentir una niña de cuatro años que irá por primera vez al colegio.

La mamá de la pequeña María se recuerda que en su primer día de clases ella lloró toda la mañana. Al regresar a casa, ese día, no le habló el resto de la tarde a su mamá, que la había abandonado en el colegio a su suerte. La estrategia de su maestra fue enseñarle una muñeca con la que jugaría ella si entraba al aula. En ese descuido, su mamá se fue a casa. Al siguiente día, ella no quería saber nada del colegio. Pero fue entonces que su papá se acercó, se la sentó en las piernas y le dijo que todas las niñas bonitas siempre iban al colegio, y que si se iba al colegio de buena gana, la invitaba a comer a Pollo Campero el domingo.

Ahora le toca a ella la tarea de ir a dejar la pequeña María. Piensa en todas las historias que se cuentan de niños golpeados por otros, abusados por profesores, castigos exagerados, tareas agotadoras. Será la primera vez que María se las tendrá que arreglar solita, pero también será la primera vez que ella se quedará sola en la casa. Es increíble cómo llena la casa un niño. No sólo a María le puede hacer falta la casa, también la casa la extrañará a ella.

Llega entonces el primer día de clases. María ya está peinada, con dos colitas de pelo, su uniforme azul y blanco, su lonchera y su mochila de princesas. Lleva puesta su sonrisa de siempre, pero unas cuadras antes de llegar al colegio la sonrisa desaparece. La maestra saluda a la mamá, se presenta a la niña, e inclinándose, le dice que es una niña muy bonita y que su mochila está linda. La niña está seria, su sonrisa sigue desaparecida. La maestra entonces trae a otra niña que ya ha estado antes en el colegio y les propone que jueguen. La niña le dice que jueguen de “la lleva” y la pequeña María, dudosa, acepta, y las dos salen corriendo a encontrarse con otro grupo de niños. La mamá, aguantando el llanto, se va del colegio. Al regresar, la casa en completo silencio le recuerda que la pequeña María ha empezado a aprender a hacer vida independiente. La ausencia de ruidos la pone un poco triste. Pero ocupada por los quehaceres se le pasa la mañana y llega la hora de ir por María.

La pequeña María está muy animada cuando llega su mamá al colegio, y al verla, sale corriendo a abrazarla y le dice que hizo dibujos, pintó y jugó con las otras niñas. Otro niño se pasó llorando toda la mañana y a ella no le gustó eso. Está chilero el colegio mama, dice. Su mamá respira aliviada y la felicita por haber superado el primer día de clases. ¿Ya viste?, es bonito estudiar, le dice. Sí mami, dice la niña, sonriendo. En el camino de regreso a casa, la nena brinca y canta una canción que aprendió hoy. Su mamá sonríe al verle sus ojitos hinchados.

Requiem Telúrico

Publicado el 09/11/2010
por Leonor Kuhn

REQUIEM TELÚRICO

(para resignificar la Patria)

.-“Insistimos en esta búsqueda profunda ya que si se pierde lo que llamamos “patrimonio intangible” , se pierde mucho más que las simples tradiciones , toda la cultura material inclusive se encuentra en peligro , ya que sin toda esa vivencia el sentido que le otorgan los seres humanos desaparece y se vacía de contenido , quedando a su vez vacía la razón del existir humano.”

{Victor Sebastián Achucarro Pintos}

{por Stella Maris Guibaudo}


Cómo desempolvar el sentido precámbrico 1 de Patria,

Si se ha quedado enganchado al alambrado

Y a las crines 2 del ganado cimarrón 3.

Cómo disfrutar la madreselva,

Si se secó, abrazada a los adobes viejos;

Y no la recuperan, siquiera, los oídos,

Desde las notas casi olvidadas de algún tango.

Qué fue de aquellas chinas, y esos gauchos,

Engalanados con pilchas domingueras,

(ella, con faldas; él, con faltriquera 4 ),

“pa” la bailanta: “meta” gato y chacarera.

A dónde fueron a parar los héroes,

Que nos guiaban desde los manuales escolares,

Enancados a las grupas 5 de corceles 6,

Dejándonos tan huérfanos de hazañas.

Cuál habrá sido el final de las tertulias 7,

Abundantes en viandas 8 y manteles;

Aquéllas que narraban las abuelas,

En las serenas tardes con candelas 9.

Por qué desaparecieron tantas huellas,

De arcanos 10 caminos polvorientos,

Borrando el incesante traqueteo,

De quejumbrosos carruajes con viajeros.

Quién se llevó el olor a tortas fritas,

Que invitaba a “dentrar” en cualquier rancho,

Sin más señas que un buen: “Ave María…”

Cuándo se ahogó el verso de tantos payadores,

Inspirados en aquellas soledades

Bajo el candil 11 de alguna pulpería.

Dónde quedaron “arrumbadas” 12

Las pandorgas 13, las canicas 14 y las tabas 15,

Que entretenían a la infancia alborotada

En la complicidad de las siestas cotidianas.

Quién nos quitó, como un viento huracanado,

Los símbolos de un tiempo ya pasado.

Y cómo haremos para no perderlos,

Si no recuperamos lo heredado.

Stella Maris Guibaudo

Referencias:

1-precámbrico: remoto

2-crines: pelajes

3-cimarrón: salvaje

4-faltriquera: bolsillo

5-grupas: ancas

6-corceles: caballos ligeros

7-tertulias: reuniones sociales

8-viandas: comidas

9-candelas: lumbres

10-arcanos: lejanos

11-candil: lámpara

12-arrumbadas: apartadas

13-pandorgas: barriletes

14-canicas: bolitas

15-tabas: hueso astrágalo de pata de animal.

 

PALABRAS PARA LOS DOCENTES

Publicado el 11/09/2010
por Leonor Kuhn

Yo no creo que cada uno de tus niños

Sea uno más en la lista de presentes.

 

…Creo, en cambio, que cada uno está presente en tus desvelos,

porque siempre te haces eco de cada uno de sus sueños.

 

 

Yo no creo que tu concepto del trabajo

Se asemeje a un tratamiento de expedientes.

 

…Creo, en cambio, que en cada día de clase queda impreso

Tu sentido del deber y tus anhelos de progreso.

 

 

Yo no creo que las fiestas de tu escuela

Signifiquen sólo fechas en tu agenda.

 

…Creo, en cambio, que desparramas a raudales tu creatividad

renovando el sentido en cada acto del calendario escolar.

 

Stella Maris GUIBAUDO

 

{En representación de SPR}

 

 

“Los Amigos”…para los más chicos

Publicado el 25/07/2010
por Leonor Kuhn

…para los chicos que gustan leer

…para los grandes que gustan leer a los chicos

****************************************************

 

Los amigos

 

 

Son los barriletes

Que a veces se vuelan

O a veces se amarran

A cualquier antena.

 

 

A esas antenas

Que somos nosotros

Y tenemos ganas

De confiar en otros.

 

 

En otra persona

Que sea nuestro amigo

Que guarde secretos

Que a veces tenemos.

 

 

Que no sea perfecto

Igual que nosotros.

Que tenga defectos

Como cualquier otro.

 

 

Que me quiera mucho

Es lo que yo pido.

Que confíe en mí

Pues yo soy su amigo.

*************************

 

{El autor es desconocido…pero igual le agradecemos este aporte}

Una “mateada” más…

Publicado el 12/07/2010
por Leonor Kuhn

Acompañamos ahora a otro viajero extranjero, que nos describe la alimentación de los arrieros de mulas.

Y dice don SAMUEL HAIGH:-“Los arrieros (que en el camino a Chile se detuvieron cerca de Uspallata , donde encendieron un fogón para sus preparativos culinarios),hicieron un plato llamado VALDIVIANO, compuesto de charqui machacado entre dos piedras y puesto en cuenco de madera, con rebanadas de cebollas crudas y agua hirviendo; un poco de maíz molido y sacudido en un chifle con agua fría; MATE y tabaco completan el alimento y LUJOS del arriero”.

En otro tramo de sus relatos, nos cuenta que:-“Lo primero que pide un viajero de la pampa, al despertarse, es MATE, que se prepara en una pequeña calabaza con agua hirviendo, y, a veces, se agrega azúcar. esta preparación SE CHUPA CON BOMBILLA DE PLATA.

La yerba mate puede soportar dos o tres cebaduras y SE PASA DE UNA MANO A OTRA, CON LA AMABILIDAD MÁS OBSEQUIOSA Y LA MISMA BOMBILLA SIRVE A TODA LA COMPAÑÍA.

Para no estar fuera de nada, TOMÉ MATE Y LO ENCONTRÉ SABROSÍSIMO; tiene un amargo agradable al paladar…”

Por su parte, BRACKENRIDGE, comenta sus experiencias a partir de un viaje entre Montevideo y Buenos Aires:

-“A la tarde, por primera vez, tuve oportunidad de ver y saborear la YERBA PARAGUAYA O MATE, como se prepara por estas gentes.

Se llama MATE por el nombre de la vasija , generalmente una calabacita para la gente más pobre, y también de madera (casi de la misma forma), ENCAJADA EN COBRE para los ricos.

Un puñado de hojas pulverizadas de yerba, mezclada con palos, pues no se la prepara con la limpieza y el cuidado del té de la India, se pone en tres medias copas de agua caliente…

Cuando se usa se renueva ocasionalmente el agua y para tomarla utilizan una bombilla de pocas pulgadas de largo, CON UN BULBO PERFORADO EN LA PUNTA Y COLADOR.

A veces se le agrega azúcar.

El sabor es de un amargor agradable y tiene alguna semejanza con el té chinesco.

No forma parte de ningún manjar compuesto, ni se come nada con ella; se toma según dispone la inclinación, a toda hora del día, aunque más generalmente en ayunas y por la tarde, y después de haber soportado alguna fatiga corporal.

COMO NO HAY MATES BASTANTES PARA CADA UNO, vi que SIN REPUGNANCIA USABAN EL MISMO POR TURNO; pero después observé que no sucedía así en la sociedad más fina…..”

 

 

——–¿te sumás a la mateada…?——–

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