Adiós a un pionero

Publicado el 22/04/2016
por

Benno Reckziegel

Falleció el Sr. Benno Reckziegel a la edad de 95 años. Llegó como inmigrante  desde Paraguay con su famila teniendo dos años de edad. Es un ex Intendente de nuestra ciudad, empresario, muy activo desarrollando diferentes roles como dirigente en  variados ámbitos. Pasará a la historia como autor del primer libro escrito sobre Puerto Rico.

A modo de homenaje, compartimos su historia, contada por él en 2008:

Benno Reckziegel

Primera imprenta

Una impactante construcción con la fachada totalmente revestida de lajas californianas, formada por la vivienda familiar, un comercio y un taller donde funcionó la primera imprenta de Puerto Rico, fue lo más llamativo que el visitante podía encontrar ingresando al pueblo por la ruta nacional 12, a poco de transitar la “zona urbanizada”  en la década de 1950.

Hoy en día, aunque a puertas cerradas, sigue mostrando su antiguo esplendor, y continúa siendo el hogar de Don Benno Recksiegel y su señora, Doña Olivia María Rambo.

El dueño de casa nació el 11 de enero de 1921 en Bella Vista, Paraguay, donde su familia había llegado el año anterior y a los dos años de edad, llega a Puerto Rico, destino definitivo de los Reckziegel, después de varias penosas mudanzas. Justamente, esas circunstancias de sucesivos cambios de domicilio en tan poco tiempo, hacen decir al protagonista de esta historia “soy ciudadano de tres naciones: fui concebido en Brasil, nací en Paraguay y me crié en la Argentina” y como en esta última echó profundas raíces, la considera su patria verdadera, más allá de que en 1951, logra la carta de ciudadanía argentina.

Sus padres, Alfonso Reckziegel, y Ana Loch, ambos descendientes de alemanes, forman parte de aquella legión de pioneros que sentaron las bases del desarrollo de Puerto Rico. El trabajo en el campo a través de sus múltiples faenas, fue el medio que posibilitó a esos padres criar a sus 14 hijos.

Fue ese hogar tradicional y sencillo, donde se respiraba la religiosidad característica de nuestra colonia en sus orígenes, el ambiente que modeló el alma de Benno.

De su infancia en la colonia recuerda con mucha admiración a un gran maestro: el Padre Federico Vormann, cura párroco de la iglesia San Alberto Magno, hoy capilla San Miguel. En un manuscrito inédito, don Benno expresa :”además de enseñarnos la Religión, nos dictaba clases de lectura, escritura, aritmética y canto, tanto religiosos como populares; eso sí, todo en idioma alemán. Al padre Vormann le encantaba el canto y sabía interpretar gran cantidad de canciones religiosas y populares de buen ritmo y sentido alegre”

Otro evento que destaca especialmente es el de su Confirmación, hecho de gran relevancia si se tiene en cuenta que en aquella época eran muy esporádicas las visitas de algún obispo, ya que todo el Territorio Nacional de Misiones correspondía a  la Diócesis de Corrientes, y las distancias y caminos precarios dificultaban la comunicación. Su confirmación realizada el 7 de noviembre de 1930, coincide con la primera visita de un obispo a la colonia, que en este caso fue Monseñor Pedro Dionocio Tibiletti.

Con apenas 11 años, como muchos otros jovencitos de la zona, ingresó al seminario para seguir la formación religiosa, aspirando al sacerdocio. Esto fue en el año 1932, y el primer escalón de la carrera lo realizó en el seminario menor “San José” de Azara (SVD) El pasaje por el seminario impactó profundamente en la vida de Benno. Tiene los mejores recuerdos de sus compañeros y profesores.

El espíritu de aventura, el buen humor y la capacidad de disfrutar de las cosas simples de la vida, que son algunas de las cualidades que caracterizan a don Benno desde la infancia, se reflejan claramente en una de las tantas anécdotas, que él mismo escribió:

“Coraje, capricho, orgullo, imprudencia… todo puede resumirse en esta aventura. Los días jueves de cada semana teníamos el día libre, sin clases. Si el tiempo era lindo solíamos hacer un paseo al arroyo Chimiray, distante unos cinco kilómetros del colegio, y que separa Misiones de Corrientes: un hermoso y bastante caudaloso arroyo con aguas limpias y en ciertos lugares de bastante profundidad.

En sus costados un frondoso bosque natural prodigaba buena y refrescante sombra en la que solíamos preparar un sabroso guiso para el almuerzo del medio día, en una olla redonda y gigante de hierro fundido negra y pesada con patas.

El arroz y demás ingredientes del guiso revolvíamos con una espátula de madera hecha ex profeso, de unos 60 cm.  de largo en total, de una sola pieza incluida la parte inferior chata de 20 cm. de largo por 10 de ancho.

Terminado el almuerzo y después de lavarla la colocábamos en una horqueta de un árbol del bosque.

En una noche de estos jueves de paseo al arroyo, después de la cena de este día por demás caluroso pasamos nuestro tiempo libre en el patio junto y alrededor del Padre Juan Lambrecht, nuestro rector y maestro, y estaba relampagueando en todo el firmamento, pero a distancia, es decir, sin truenos, alumbrando la densa y espesa oscuridad de la noche sin luna.

En un momento de la conversación y comentarios sobre nuestro paseo el P. Juan dijo así bromeando: “¡aque ahora nadie se anima a ir al Chimiray!” Yo capté la expresión y me dije: “yo le voy a demostrar si tengo o no coraje para eso.” Sin decir nada a nadie desaparecí del grupo y me largué hacia el Chimiray… Era tan oscuro que no podía divisar el camino de tierra, o mejor dicho, las dos huellas del camino porque en el medio y los costados había un pasto bastante alto entremezclado con pequeños pajonales típicos de la zona. Sólo podía avanzar corriendo a la luz de los relámpagos; si éstos cesaban un momento, tenía que esperar hasta nuevos reflejos. Cuando me encontré más o menos en la mitad del camino me dije:” y cómo puedo demostrar que estuve realmente en el Chimiray, traer una piedra era poco y un dudoso comprobante, podía haberla extraído de un pequeño arroyuelo  que tenía que vadear cerca del colegio” Y así fue que me acordé de nuestra espátula, allá, arriba entre los gajos de un .árbol, sería la mejor prueba de mi hazaña. Seguí avanzando y ahí pienso ”y cómo voy a encontrar la espátula en la oscuridad del monte?”…Y ya tengo la solución: a unos 800 mts. del arroyo vivía un colono de apellido Yagas, pariente del Rvdo. P. Juan Yagas y allegado a nuestro colegio, lo que me inspiró ánimo y confianza de llegar hasta su casa distante unos 50 m.del camino. Me saludó con cierto asombro al ver a un niño de doce años a estas horas y con semejante tiempo… Simulando que me había olvidado algo muy importante a orillas del arroyo le pedí que me prestara un farol que se lo devolvería a mi regreso.. Me lo facilitó y además quería acompañarme a buscar e objeto de referencia; me negué diciéndole que sólo me faltaría un poco de luz y así pude ir solo… Por suerte no tardé en divisar la tan ansiada espátula, allá arriba en el árbol. Paré con cuidado el farol al costado y trepé al árbol bajando la espátula y… raudamente y medio triunfante tomé el camino de regreso. Llegué a la casa del señor Yagas a devolver el farol, quiso que me lo llevara junto para tener luz y no errar el camino. Le agradecí su buena voluntad, pero prescindí del farol.

Recogí la espátula que había dejado a un costado del camino para que el Sr. Yagas no la viera y así a corridas y paradas, según la frecuencia e intensidad de los rayos, volví al Colegio pensando en los elogios que iba a recibir por este acto de valentía, llegando más o menos después de dos horas de ausencia.

Por suerte el portón del cerco de alambre tejido que rodeaba el Colegio y sus amplios patios estaba sin llave.

Entré… reinaba un silencio total, todos se hallaban en un profundo sueño después de un día agitado, agravado por la pesadez del tiempo, y me dirigí directamente a la pieza del P. Juan, contigua al dormitorio de los internos. Triunfante golpeé la puerta…¿qué pasa? Me dijo desde la cama. “Soy yo, Benno, y aquí estoy de vuelta del Chimiray” Y al abrir la puerta le muestro sonriente la espátula. Creo que en mi vida no escuché un reto como el que recibí esta vez y…pensándolo bien, creo que fue merecido, a pesar de mi “hazaña” teniendo en cuenta mi edad y los peligros de que pude haber sido víctima, como picadura de serpiente u otras alimañas venenosas que circulan por estos pastizales,

Sin embargo, al final pensé: “tuviste el coraje y asumiste el desafío”  que en realidad sólo era una inocente broma.

Puedo decir con sinceridad que no sentí miedo en ningún momento en esta necia aventura. En ese sentido creo que siempre fui una persona demasiado confiada, sin prevenir peligro en lo que realizo. Llama la atención que ni el P. Juan o un compañero se dieran cuenta de mi ausencia, ni en la capilla en la oración de la noche, ni en el dormitorio donde una cama se encontraba al lado de la otra; al menos, nadie hizo un comentario al respecto.”

En 1934 ingresó en el seminario “San Javier” de Villa Calzada Bs. As. donde junto a varios jóvenes de la región recibió además de la formación religiosa específica, sólidos conocimientos humanísticos, enciclopedistas, propios de la época y de la institución en particular. Esta formación le permitió desenvolverse con holgura en todas las actividades que se le fueron presentando en la vida. Tiene un especial reconocimiento hacia sus profesores y guías espirituales, y aunque no culminó la vocación sacerdotal, manifiesta que su paso por el seminario, le dio la oportunidad de profundizar su fe cristiana. Egresó del seminario en 1939, y como no le interesó seguir otra carrera, decidió trabajar con sus padres en la chacra. Considera que la dedicación tardía a esos menesteres, requirió de una sobre dosis de esfuerzo, por la falta de experiencia, que los niños  adquirían gradualmente desde pequeños, acompañando a sus padres.

Y así se fue adaptando a la vida y costumbres habituales de los jóvenes de la colonia, como por ejemplo ir a los bailes con sus hermanos y hermanas. Durante la fiesta de casamiento de su hermano Edwino con Filomena Neis, animada por la “Orquesta Colonial”, integrada por los músicos: Jacobo y Leopoldo Seewald, Emilio Diesel, Edmundo Reichert, Edmundo y Alfonso Rambo, tuvo oportunidad de demostrar sus cualidades histriónicas, animando la fiesta con sus ocurrencias. Fue atentamente observado por  Alfonso Rambo, uno de los músicos, quien se lo recomendó a su hermana Olivia María. Todavía no se conocían personalmente, pero la ocasión se presentó en octubre de 1940, durante un baile en Mbopicuá, donde nuevamente Alfonso Rambo hace de intermediario, bailan juntos y  ese día fue el inicio de una relación  que duraría toda la vida. De esa noche, recuerda con especial cariño, un “chotis”, que no sabía bailar, pero Olivia María con paciencia supo enseñarle, de tal forma que fue el ritmo preferido de la pareja en todas las fiestas y bailes.  Benno visitaba frecuentemente la casa de los Rambo que vivían bastante retirados, casi en el límite entre Mbopicuá y Capioviciño, debiendo atravesar campos y picadas de difícil acceso. El noviazgo culminó con una boda el 11 de noviembre de 1941.

Unos meses antes, Benno, con la ayuda económica de sus padres,  compró una chacra de 20 hectáreas que había pertenecido a don Ignacio Rockenbach, y que ya contaba con las instalaciones mínimas necesarias para un colono: una vivienda de madera, un galpón con establo, un horno de barro para el pan, un pozo de agua y un potrero por donde corre el arroyo León. En ese escenario pasó la pareja sus primeros años de casados, con mucho esfuerzo tratando de llevar adelante la pequeña hacienda, tarea para la que no estaban bien preparados. De todo el variado repertorio de trabajos en una chacra, lo que probablemente mayor esfuerzo demandó a esta joven pareja, fue la producción de tabaco según manifiesta Benno.

Durante su estancia en la chacra, que duró cuatro años, nacieron sus tres primeros hijos: Lori Ana, Rubén Ángel y Nelsi Otilia. La llegada de los niños, fue una gran alegría para sus padres, pero también aumentaron las necesidades y multiplicaron los esfuerzos que debían realizar. Sumado a eso, sufrieron los efectos de lluvias excesivas y sequías prolongadas, que arruinaron más de una vez los cultivos instalados con tanto sacrificio.

Un día sin embargo, ocurre un hecho fortuito, inesperado, que cambia por completo la vida de esta joven familia.  Benno es requerido para acompañar a  Don José Stockmanns a realizar un viaje a Eldorado, para oficiar de intérprete durante un trámite que el primero debía realizar con las autoridades de Prefectura, para poder explotar el yacimiento de arena, en la costa del Paraná, lindante con su propiedad. (El Sr. Stockmanns, no hablaba castellano) Realizaron el viaje, y en su tiempo libre, pasearon por el centro de la ciudad de Eldorado. El destino quiso que allí Benno se encuentre con un ex compañero seminarista de Puerto Aguirre (actualmente Iguazú), que era tipógrafo, empleado de los señores Guimaraes y Olivera  de la imprenta “Alto Paraná” que también editaba un periódico del mismo nombre.

Después de una larga y detallada charla, el amigo le propone una sociedad para instalar una segunda imprenta en Eldorado , y según manifiesta Benno “yo no tenía ni la más mínima idea ni conocimiento de lo que era el manejo  del arte tipográfico” A pesar de ello, tal  vez avizorando una salida a su angustiante situación en la chacra “no dudé en aceptar la propuesta”…”fue como tirarse al abismo de lo desconocido sin saber cómo y dónde aterrizar” Fue así que pone en venta su chacra, la que consigue vender a don Jacobo Reis, de Cuñapirú y se traslada a Eldorado con su familia, a vivir en una precaria casita de madera en el Km 5. Con el nuevo socio, Arístides Cardozo, deciden terasladarse a Rosario, para comprar el equipamiento necesario. Benno, no resistía viajar en colectivo, por lo que deciden hacerlo en barco.  Pero resulta que el barco de línea no paró en Puerto Rico, por la bajante del Paraná. Se van en colectivo hasta Posadas para alcanzarlo, y al llegar al puerto recién había partido. Les dicen que podían alcanzarlo en Ituzaingó y allá van. Nuevamente se les escapó el barco. Deciden pernoctar y al día siguiente  se trasladan a Resistencia donde toman el tren. Una vez en Rosario se contactan con el Sr. Pignolo, empresario que les aconseja y con gran confianza les otorga plazos para pagar los insumos que estaban necesitando.

Una vez en Eldorado con el equipamiento mínimo, alquilan una pequeña casa de madera en el km. 8, donde instalan su empresa que comienza a funcionar poco tiempo después. El Sr. Arístides Cardozo, enseguida supo atraer muchos clientes que  lo conocían de su trabajo como tipógrafo. También se les unió don Gumersindo  Esquivel, ex seminarista que se dedicaba a recorrer las calles, haciendo propaganda con un “alto parlante”. Les propuso reabrir el periódico “Hogar y Selva” y así formaron una nueva sociedad donde Gumersindo Esquivel era el director y redactor, Benno Reckziegel vice director y escritor y Arístides Cardozo, tesorero. El nuevo giro que había dado a su vida, comenzaba a dar sus frutos. Allí pudo poner en juego todas sus capacidades y preparación recibidas en su paso por el Seminario, y además mejorar  en el plano económico. Pronto el periódico “Hogar y Selva” tuvo una gran cantidad de suscriptores, que generaban buenos ingresos con la publicidad. Esto permitió que Benno pueda comprar un terreno cercano a la imprenta, donde mandó construir una casa amplia y confortable, donde nace su hija Beatriz Elvira.

En su nuevo trabajo tuvo oportunidad de relacionarse con muchas personas. Así es que conoció al sr. Carlos Soffner, primer administrador de la Compañía Arriazu Moure y Garrasino S.R.L., dueños de las tierras que hoy conforman las colonias de Garuhapé y Garuhapé Mi, quien se acerca para encargar una página entera dedicada a la publicidad de venta de los lotes. Don Benno le propone una publicidad por tiempo indeterminado, a cambio de un lote de tierra a elección,  lo que se concreta el 15 de marzo de 1948, siendo así el primer comprador de terreno en la naciente colonia Garuhapé.

En 1947 regresa a Puerto Rico e instala su propio negocio de imprenta y librería “Luján”, que pasa a ser la primera imprenta de Puerto Rico, con una excelente ubicación, prácticamente a la entrada del pueblo, muy próximo al templo, parroquia y colegio “San Alberto Magno” En este lugar nacen sus otros hijos: Tarcicio José,  Nélida María y Dorotea Rosa.

Además de dedicarse de lleno a la imprenta, Benno siempre tuvo inquietudes comunitarias que lo llevaron a desenvolverse en numerosas instituciones de nuestro medio. Por ejemplo  en 1964 fue electo presidente del Club Social y Deportivo Victoria, cargo desempeñado tres años consecutivos. También tuvo militancia política en el partido Demócrata Cristiano,  y en 1972, fue designado Intendente Municipal en reemplazo del sr. Efrén Rauber, hasta la finalización del mandato de éste.

Pero lo que  permanecerá en la memoria colectiva de la ciudad es el mérito indiscutible que ostenta don Benno Reckziegel: haber sido el primer autor de un libro dedicado a la historia de Puerto Rico. En efecto, en 1999, sale a la luz Memorias de Puerto Rico, que como él mismo explica no pretende ser una obra erudita, sino un sencillo relato de los hechos y sucesos sobresalientes del devenir de nuestro pueblo, contados desde su visión como protagonista. Es un esfuerzo muy válido, y más allá de las críticas que pudiera generar, siempre será la fuente de consulta indispensable para todos los que en el futuro quieran seguir investigando.

La vida en sus variados matices, no escatimó cuotas de dolor en la vida de Benno. En el año 2000, fallece su hijo Rubén, víctima de una cruel enfermedad. Y desde hace unos años tiene postrada en silla de ruedas a su compañera, doña Olivia María, que hasta entonces seguía al frente de su comercio de mercería.

En 1991 celebran sus Bodas de Oro, y en 2001, las de Diamante, rodeados de sus hijos, 22 nietos y 25 bisnietos.

Julio de 2008

Entrevista: Stella Maris Guibaudo  –  Leonor Kuhn

Redacción: Leonor Kuhn

 

 

 

 

 

 

 

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