Milagro en el monte

Publicado el 20/12/2013

Pesebre 010Por Rosita Escalada Salvo

El coatí anda nervioso- dijo la Lechuza Sabia que desde la alta rama de un cedro todavía joven, lo observaba. -No deja de caminar de aquí para allá, cuchichea con sus parientes y husmea el suelo.

–        Se le habrá perdido algo, seguro. Mire que se apropian de lo que encuentran a mano, sobre todo en las pasarelas de Cataratas, cuando los turistas se distraen- opinó el Tucán Pico Anaranjado – yo los veo todos los días y les digo: no hagan eso, no coman lo que está en los basureros, se van a indigestar…pero no me hacen caso. Así se murió el abuelo don Coatí Guazú, ahogado con una bolsita plástica…

–        No…no…no! Miré! Ahora traen pajas, están preparando un nido entre esa enredadera de Mburucuyá y a la sombra del Pitango!

–        Y allí se acerca doña Venado, con su hijito…

–        -Apúrense! Escuché que será esta medianoche! Me aseguró el Urutaú, que lo oyó de boca del Yacaré Overo…

–        Y…sí. Boca no le falta – agregó la Lechuza Chuza que también miraba. Pero ¿de qué se trata? Tormenta no amenaza…Hay luna llena…

En eso oyeron un ruido pesado; alguien se acercaba pisando fuerte aunque con pasos felinos.

–        ¡El yaguareté! ¡Huyan, jabalíes, zorritos, monos Tití! Que si anda con hambre…

–        No estoy con apetito – bramó con vozarrón el manchado- vengo a decirles que se preparen. que no falte nadie. Que estén atentos…y que traigan regalos…

–        ¿De quién es el cumpleaños? ¿Dónde será la fiesta? – Preguntaron  a coro las ranitas del manantial.- Porque cuando había un festejo, estaba prohibido cazar a ningún congénere.

–        Es un Nacimiento. Y se recordará en todo el mundo siempre el último mes del año- agregó con respeto.

–        ¿Aquí en el monte? ¿La mamá es una indiecita?…- quiso saber el Oso Hormiguero que apareció desde el hueco de una gran Caña Fístola, con el hocico lleno de tierra y algunas hormigas que le caminaban por el pelaje.

–        No, no. Me contaron que son dos peregrinos que vienen desde muuuuy lejos; y ella está embarazada. Nadie quiere darles un techo. Y pronto va a nacer el Niño. Porque es un varoncito…

–        Y Ud. cómo sabe eso?- Preguntó celosa la Lechuza Sabia que parece que esta vez no sabía nada.

–        Porque soy amigo de un Jesuita cuyo espíritu deambula por estos lugares. El suele leer en un libro…Está condenado a recorrer la selva porque no pudo salvar a los que venían con él, disparando de los enemigos, los “bandeirantes”.

–        Bueno…bueno…bueno…No es noche para cuentos, mejor me voy a dormir- dijo el Tucán y abriendo el enorme pico, bostezó.

Los coatíes seguían juntando pasto tierno, flores perfumadas, y hasta consiguieron una gran canasta de tacuapí, hecha por un indio mbyá, que después serviría de cuna.

Las horas pasaban lentas. Las nubes tapaban a la luna de tanto en tanto. Alguna ramita se rompía delatando que más animales se acercaban. Y un gran silencio rodeaba la semi oscuridad.

De pronto, desde alguna capilla lejana, sonaron doce campanadas que el viento amigo les trajo.

–        Es hora! Es hora! Exclamaron en voz baja.

Una enorme mariposa azul se perfiló en el sendero. Y como aparecidos de la nada, una Mujer y un Hombre que se apoyaba en un bastón, se acercaron al lugar.

Dicen los que dicen que en ese 24 de diciembre, allá en el Parque Nacional del Iguazú, exactamente a la medianoche, hubo un gran resplandor. Una luz celestial que inundó a todos los que tuvieron la suerte de mirar. Y que les transmitió una enorme Paz.

Eso dicen. Eso cuentan. Por eso, yo lo cuento.

 

Rosita Escalada Salvo

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