Lepoldo Osvaldo Brandt

Publicado el 05/01/2013


Comerciante de pura cepa

 

En 1914,  año tristemente célebre en  la memoria colectiva del mundo occidental, en Montenegro un  pequeño pueblo de Río Grande Do Sul, Brasil, vino al mundo don Leopoldo Osvaldo Brandt, en el hogar formado por Pedro Brandt y María Schu y otros seis hijos. Esta familia como tantas otras se ve forzada a buscar mejores posibilidades de desarrollo y emigra a Paraguay.

En Cambyretá, colonia cercana a Encarnación transcurre la infancia de Osvaldo, donde seguramente nace su pasión por el fútbol que lo acompañó toda la vida. En una entrevista que le realizara el periodista Daniel Monges, comenta que años más tarde, viviendo en Encarnación, jugaba a la pelota con Alfredo Stroessner, luego presidente de Paraguay.

Desconocemos cómo fue su escolaridad, pero presumiblemente no llegó a culminar el nivel primario, hecho que le agrega más mérito a su persona, dadas las excepcionales habilidades matemáticas, especialmente el cálculo, demostradas en el ejercicio de su profesión. Desde muy joven ya trabaja en un comercio de  Encarnación, Paraguay, y mas tarde   en el almacén de ramos generales que establece la familia Brandt en Puerto Rico, negocio que finalmente compró a su padre y hermano, cuando éstos se mudaron a Posadas y Brasil respectivamente.

Pero antes, otro acontecimiento marcó profundamente el destino del joven Osvaldo: fue reclutado contra su voluntad, para la Guerra del Chaco, de donde se escapó en la primera oportunidad que tuvo. Fue así que llegó a nuestro país  donde forjó su destino palmo a palmo a puro esfuerzo y formó parte de una nutrida comunidad de descendientes de alemanes que provenientes de Brasil emigran a Paraguay y por último, después de una larga diáspora,  encuentran en nuestra zona, ese lugar del mundo donde arraigar y construir un futuro en paz.

Se casó con Melida Diesel, nacida en Hohenau, Paraguay, con la que tuvo cuatro hijas: Beatriz, Esther, Delia Guillermina y Elina Adelia a las que supo educar con la severidad y firmeza propias de la época, imprimiendo en ellas los valores que adornan a las personas de bien.

Los que lo conocieron, desde sus allegados más cercanos, hasta los que tenían  relaciones laborales o simples vecinos del pueblo, lo recuerdan como una persona que podía mostrarse muy alegre y divertida en ocasiones festivas, como serio, exigente o irascible cuando algo fuera de lugar lo impacientaba.

Desde la década del 40 aproximadamente se hace cargo del almacén de ramos generales que como otros de su especie respondían a la tipología de “Tienda, Ferretería, Depósito de Bebidas, Acopio de Frutos del País”. Este negocio es una de las construcciones de aquel entonces que aún mantiene su estructura edilicia original, si bien fue reciclado por los actuales dueños, conserva  su esencia. Su ubicación (Hoy avda. San Martin y Culmey) fue uno de los puntos más estratégicos en su momento, ya que se encontraba equidistante al puerto y del acceso a la ruta nacional 12 (abierta en 1938), y en el cruce del camino a San Alberto (ahora avda. Culmey).

Esa casa comercial fue el centro neurálgico de la vida de Osvaldo, el espacio físico donde transcurrió la mayor parte de su existencia. Muchas personas de nuestro medio trabajaron  en aquel lugar y todos recuerdan a un patrón exigente pero muy honesto y estricto en el cumplimiento de sus compromisos.  Además de dedicarse a la venta de todo tipo de productos, realizaba acopio de cítricos y tabaco. Al respecto, su hija Delia recuerda comentarios de la mamá donde contaba que en esos tiempos venía muchísima gente de la colonia para realizar las tareas de descarga, clasificación y entrega del producto, y ella cocinaba para el almuerzo de todos ellos. También fue representante de la agencia de la “West Indian Oil, Co. S.A.PA, con expendio de combustible  ESSO, con un surtidor manual ubicado delante del negocio. Otro rubro atendido fue la representación exclusiva de la firma Coca Cola por muchos años.

Pero además de ser un comerciante de ley, don Osvaldo desarrollaba una activa vida social en variados ámbitos, lo que amerita el rescate de su figura para la posteridad. Fue partícipe en la gestación y desarrollo de instituciones muy caras al sentir de la población de Puerto Rico. Por ejemplo, fue socio fundador del club Victoria siendo el  secretario de la primera comisión directiva. Sin lugar a dudas esa institución fue uno de sus grandes amores. Hechos que hemos podido constatar y muchos otros, que no podemos precisar, pero que intuimos, así lo demuestran. Justamente la idea de constituir el club, nace de la necesidad de contar con un ámbito de recreación que se manifiesta en el grupo venido del Paraguay, al que hiciéramos referencia. Don Osvaldo pudo canalizar su pasión por el fútbol a través de la creación de dos divisiones de ese deporte, siendo él, capitán de primera. Acompañó al club Victoria por muchos años en todo tipo de actividades, tanto con su presencia como con apoyo económico. Numerosos diplomas y menciones le fueron ofrecidos, especialmente en los aniversarios, que atestiguan su alto grado de entrega y felizmente, el reconocimiento que seguramente lo habrá reconfortado. Entre los recuerdos que atesoran sus familiares podemos observar fotografías, donde invariablemente aparece en el centro de las reuniones, compartiendo trofeos, apadrinando eventos, cuya traducción debe leerse “colaboración en efectivo”.

Si indagamos el lado sensible de su personalidad, debemos decir que tenía un entrañable gusto por la música paraguaya, especialmente las guaranias, tanto es así que en ocasiones cuando había algún espectáculo musical de ese estilo en el club, se quedaba hasta el final, y mientras los encargados se dedicaban a ordenar el salón, él, pagaba a los músicos para que ejecuten algunas unos temas  para el solo.

Pero el mundo de don Osvaldo no  terminaba en el negocio y el club Victoria. También se hacía de tiempo para colaborar en la gestión de otras instituciones. Fue socio fundador del Club de Pesca, la Cooperativa Luz y Fuerza Libertador General San Martín, tuvo relación con las firmas  Cainguás  y MAPURI. También las cooperadoras escolares encontraban en él un gran colaborador.

En el período institucional que vivió nuestro país en 1959 cuando asumió la presidencia Arturo Frondizi y como  gobernador de Misiones César Napoleón Ayrault, en Puerto Rico ganó la UCR, quedando José María Suanno como jefe comunal, en tanto Osvaldo Brandt integra el gobierno municipal como concejal.

Con total fundamento manifiesta una de sus hijas “no sé de donde sacaba tanta energía”, al referirse a las múltiples actividades que realizaba, sin perder de vista su trabajo principal, el negocio. Porque además de todo lo mencionado, también le gustaba la pesca y la caza. Participaba de un grupo de amigos que compartían esa pasión, y no había frío, calor o  lluvia que los detuviera cuando la época era propicia para internarse en el monte, armar campamento e ir detrás de las presas corriendo aventuras increíbles, que después eran relatadas de manera superlativa.

Y así fueron pasando los años, fructíferos  en realizaciones personales y en servicios a la comunidad hasta que el tiempo, inexorable, fue dando paso a grandes transformaciones tecnológicas cuyo ritmo ya no tenía sentido sostener en un modo de actividad tan tradicional como siempre lo había hecho don Osvaldo. Por otra parte, sentía que ya había dado .lo suyo al progreso de Puerto Rico, por lo tanto, cerró las puertas de su negocio en…….., permaneciendo en su hogar en compañía de su esposa, cultivando su huerta, pero sin abandonar del todo sus actividades sociales. Por varios años más iba con un grupo de amigos a jugar a la “canasta” al club.

 En 1996, pierde a su compañera  y se refugia  en la intimidad del hogar, donde se dedica aun más a la lectura  (leía perfectamente en alemán), y mira televisión que satisface su natural curiosidad de conocimientos e información, alimentando su inagotable capacidad de asombro.

Se fue de este mundo en un invierno misionero inusualmente frío, el 14 de julio del año 2000, a los 86 años de edad, dejando sin embargo un cálido recuerdo de un gran trabajador para si y para el pueblo, que lo vio llegar como inmigrante sin otra cosa que su voluntad de hacer, y lo vio partir como un ciudadano con la tarea ampliamente cumplida.

Entrevista realizada a su hija Delia Brandt el 3/05/07 por Leonor Kuhn

Otras fuentes consultadas:

–        Acta fundacional de la Cooperativa de Electricidad Libertador General San Martín

–        Album fotográfico perteneciente a la sra. Delia Brandt

–        Un facturero del negocio de Leopoldo Osvaldo Brandt, del año 1945

–        Monges Daniel, “Historias de mi pueblo” grabación en CD de un programa periodístico,

–        Rekziegel Benno,  “Memorias de Puerto Rico”. Municipalidad de Puerto Rico. 1999

–        Salvador Claudio Gustavo,”Fundadores en Tierra Colorada”. Editorial Universitaria de Misiones UNAM.  Posadas 2004

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