Puerto Rico cumple 93 años

Publicado el 14/11/2012

Capital de la Industria.

Lo primero que advierte el viajero cuando ingresa a nuestra ciudad es el arco de entrada con la leyenda “Capital de la Industria”. Ese arco emblemático que ya fue mudado de su emplazamiento original, pero que sigue siendo el ícono material inconfundible de una ciudad que intenta mostrarse progresista y pujante.

En 93 años de historia las sucesivas generaciones de habitantes hicieron sobrado mérito para que en 1969, año del Cincuentenario de la ciudad, fuera impuesto el subtítulo “Capital de la Industria” para uso no oficial, aprobado por el Ministerio de Gobierno de la Provincia de ese entonces.

Por cierto, los avatares de la economía con sus avances y retrocesos pendulares, también hicieron caer en duda si nuestra ciudad podía seguir mereciendo el honroso título. Hoy asistimos a un crecimiento quizás lento para algunos, pero con un parque de industrias considerable, con un interesante número de empresas que con mucho esfuerzo apuestan a la innovación y al sostenimiento de fuentes de trabajo.

Es propicio recordar que la base del bienestar que disfrutamos las generaciones actuales de Puerto Rico, las forjaron las industrias pioneras de la zona: decenas de fábricas de almidón, olerías, aserraderos, carpinterías, talleres mecánicos…

Hacer una historia de toda la industria local, trasciende las posibilidades de una nota. Por ello hemos elegido dos ejemplos, dos puntas de la historia; una, la primera industria maderera más grande que tuvo la ciudad y la otra, un novedoso emprendimiento actual.

Laminadora Puerto Rico

Así se llamó la gran fábrica de madera terciada ubicada a escasa distancia de la zona céntrica y que por espacio de años no solo atrajo la afluencia de mucha población a la zona, con la consecuente formación de barrios aledaños al pequeño centro, sino que fue generadora de una importante cantidad de puestos de trabajo. Cabe acotar que en su momento de máximo esplendor tenía unos 90 empleados directos, sin contar las actividades  subsidiarias  que se multiplican varias veces.

En 1943 llega a Puerto Rico un inmigrante brasilero,  Leopoldo Henn con su familia, procedente de Londero, pequeño pueblo obrajero con más habitantes brasileros que nacionales. Después de una increíble travesía por el monte en carreta tirada por bueyes  llega a la zona, donde decide quedarse porque se encontró con conocidos que también habían emigrado de Londero y recomendaron este lugar. Pronto montó un pequeño aserradero  En años anteriores se había desempeñado como agricultor y carpintero en la fabricación de una especie de barcazas para transportar rollos de madera por el río Uruguay. Aquí en Puerto Rico previo desmonte del predio, instaló su aserradero y  vivienda, una humilde casa de tablas y comenzó a trabajar. Al poco tiempo producía láminas que vendía a la fábrica Heller Hnos. de Posadas. Trajo gente de su confianza de Londero para incorporarlas al trabajo de la fábrica, entre ellos las familias Hösel, Eichelberger, hnos.  Zöbisch, que fueron llegando sucesivamente.

En 1945 se integró como socio el señor  Albino Ortmann (ya se conocían en Brasil), conformando una S.R.L. A partir de entonces comenzó la producción de madera terciada. La empresa fue creciendo y en 1950 se suma como socio el sr.  Andrés Salguero, quien por 23 años ocupó la gerencia,  mientras que Alberto Hösel  fue capataz de personal y Enrique Günther contador por muchos años. Esto por citar nada más que algunos referentes de los centenares que pasaron por la fábrica en sus 40 años de funcionamiento. Señores Andrés Salguero, Moisés Smerkin y Jaime Fucks. Foto gentileza Miriam Salguero

La fábrica producía maderas terciadas multilaminadas  cuyo mercado consumidor era especialmente Buenos Aires, pero también el interior provincial. Varios de los clientes de Capital se interesaron en esta producción, al punto que después algunos de ellos se asociaron con la empresa, como ser los señores Funk y Smerkin. En 1959 se produce un gran incendio que destruye prácticamente todo. En 1963 Leopoldo Henn, y los socios Funk y Smerkin venden su parte a los señores David, Manuel y Sergio Ablin, conformándose una Sociedad Anónima. Andrés Salguero se retira de la sociedad en 1974 y la empresa siguió funcionando 10 años más, aproximadamente.

Incendio de la fábrica en 1959. Foto gentileza Miriam Salguero

Esta fábrica es emblemática para la historia de la industria de nuestra ciudad, por su larga permanencia, por la cantidad de puestos de trabajo  generados y por formar parte de la postal urbana de Puerto Rico. Estaba ubicada entre las actuales calles Liniers y Avda. Culmey, casi 9 de Julio. Gente de la época guarda en sus recuerdos las enormes montañas de aserrín en donde hoy está la Escuela Especial 8  que era muy apreciado los días de lluvia para protegerse del  barro circundante. Asimismo había pilas de retazos de madera laminada que las familias humildes buscaban para remendar sus techos o para prender fuego.

Aníbal Hentch con su camión transportando madera para Laminadora desde San Pedro. Foto gentileza Aníbal Hentch

Tan presente estaba la Laminadora, que hasta el tiempo era medido en función de las sirenas que marcaban los cambios de turno. Un buen día, los dueños quizás avizorando tiempos muy críticos, desmantelan la fábrica, anticipando lo que inexorablemente iba a suceder con el crecimiento de la ciudad.

Cervecería Von Hafen

En el otro extremo del desarrollo de la industria local, acudimos a un ejemplo poco convencional e innovador. Se trata de la cervecería Von Hafen (del puerto), cuyo emprendedor es Pablo Medina, que confiesa haberse motivado en hacer algo productivo cuando concluye su tesis con la que se recibió de Técnico Superior Agroindustrial, sumado a una visita a Bariloche donde conoce el interior de una industria cervecera, característica del lugar. Además siempre pensó en algo innovador, algo que Puerto Rico no tenía.

Luego de pruebas y ensayos y ya pensando seriamente  en la fabricación artesanal, toma cursos en cervecerías de Córdoba y Santa Fe. Mientras tanto fue armando sus propios equipos caseros, asesorado por su suegro, don Meno Seewald, de espíritu práctico, que tuvo siempre una buena visión de las oportunidades. Hace poco más de cuatro años comenzó su producción.

El equipamiento lo compró en Córdoba de empresas que se dedican a ese rubro, que además le venden los insumos y siguieron  asesorando ante eventuales dificultades.

Pablo reconoce el constante apoyo de don Meno que lo alentó y se entusiasmó a la par con el proyecto tanto que le ofreció ayuda financiera para que pudiera invertir en equipamiento  más importante. ”Él se metió de lleno en el proyecto con mucho entusiasmo. Él siempre fue de espíritu inquieto y emprendedor. Cuando saqué la primera cerveza y se la di a probar, en marzo, me dijo “si vos sos capaz de producir esto con un equipito así, cuánto más y mejor vas a poder hacer con un equipo bueno” Eso le dio más vida a su vida. En una semana  pude tener el crédito para invertir y así se me fue dando. Yo le pedí a Dios luz sobre todo, porque era una cosa que cambiaba de forma y a mi se me escapaba de las manos. Una cosa era trabajar en un tallercito en el fondo y otra cosa era pensar en una industria en serio.”

Con la dimensión que venía desarrollándose el proyecto, Pablo comienza a construir un local apropiado con todas las normas que requiere la producción,  en un espacio verde que tenía la familia.

El problema más complicado fue ganar el mercado. En un principio la idea fue apuntar  al público local, los supermercados y tratar de instalar  el aprecio por un producto artesanal, diferente al acostumbrado. No fue fácil. Al comienzo empezó  con botellas como envases del producto. La gente esperaba algo similar a lo ya conocido, de manera que se tuvo que buscar otros horizontes. Nuevamente don Meno aportó la idea de vender chopp en barriles que lo veía con mucho futuro, lo que en realidad fue cierto, ya que hoy es el producto de mayor demanda  que se consume en fiestas familiares como cumpleaños, casamientos, aniversarios y otros.

En la actualidad se ofrece el producto en barriles de 30 litros y botellas de 350 y 660 mililitros, donde la ciudad de Iguazú acapara el 90% de lo producido. Pero también va a otros puntos del país, y curiosamente, hay quienes en Bariloche compran la cerveza elaborada en nuestra ciudad.

Se apuesta fuertemente al turismo que busca la degustación de productos no comerciales, ya que  es un producto cien por ciento natural, sin gas agregado, fruto de la fermentación de distintas variedades de malta que se combinan en los cuatro sabores que comercializa la marca: la Dorada Chopp, Dorada Premium, Roja Irish y Negra Porter. (Foto 11)

Si bien el producto no es de venta masiva en Puerto Rico,  la cerveza fabricada localmente se distribuye en un comercio del rubro gastronómico y un local propio donde funciona la fábrica, ubicada en ruta 12 y Pío XII.

La experiencia está dando sus frutos y la satisfacción de haber aportado con un producto afin a la cultura de origen de buena parte de la población, justifica el esfuerzo realizado y los desafíos por venir.

Puerto Rico en la vidriera provincial

Recuperar el título que ostenta nuestro arco de entrada, debe haber sido la preocupación de todos los últimos gobiernos municipales. Las estrategias no siempre funcionaron de acuerdo a las expectativas.

Hoy nos embarga un clima festivo ante un nuevo aniversario de la ciudad. Una valiosa oportunidad de mostrar a propios y visitantes, lo que la zona ofrece y produce, en los más variados rubros del quehacer  ciudadano, será sin duda la Expo Puerto Rico 2012, iniciativa surgida desde la gestión del intendente Federico Neis y acompañada por una Comisión Promotora con integrantes de diversos sectores.

La primera gran Exposición Agro Industrial Comercial Ganadera, se realizó en nuestra ciudad en 1962 bajo la gestión del intendente José María Suanno, instalada en la manzana destinada a la Plaza 9 de Julio. Los stands rodeaban tres lados de la plaza y la muestra duró varios días. El espectáculo central del evento lo constituyó un circo con sus atractivas funciones. La novedad para el público era un teléfono instalado en el predio, que permitía que dos personas, una en cada extremo de la plaza, pudieran hablarse. Para muchos un sorprendente avance tecnológico.

El intendente José María Suanno sostiene la bandera a ser izada en la inauguración de la I Expo de Puerto Rico. 1962. Foto gentileza María E. Suanno.

Pasó más de una década hasta que en 1976, a iniciativa del Club de Leones, se hizo otra gran exposición, ésta vez en el predio del hospital abandonado (hoy Municipalidad). El evento tuvo continuidad una o dos veces más. En 1977, tuvo una duración de 8 días y durante la misma fue sorteado un automóvil 0Km.

No tenemos registro de otras expos semejantes. Lo que sí, el Club de Leones fue organizador de la Expo Navidad en la década de 1990, de la cual hubo varias ediciones. También la muestra “De la Chacra a la ciudad” tuvo sus momentos de brillo.

Es de esperar que la madurez de Puerto Rico como ciudad, encuentre en este evento la expresión de lo que somos y cristalice un lugar en la agenda turística-cultural-empresarial de la provincia.

Leonor Kuhn

(Art.publicado en  la revista impresa Somos Puerto Rico, noviembre 2012)

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