Mario González “Lorito”

Publicado el 23/09/2011

Pionero de los medios de comunicación locales

Cuentan que en una época no muy lejana se podía escuchar, transitando la avenida San Martín en Puerto Rico, una voz muy particular.

Era una voz vendedora que salía desde un parlante, sistema que se usaba en los pueblos chicos carentes de emisoras radiofónicas. Esto permitía dar informaciones prácticas y transmitir música y publicidad.

No sólo a los habitantes locales. También los gringos y criollos que venían desde las chacras vecinas, para aprovistarse y/o vender sus producciones, podían obtener informaciones necesarias para resolver sus problemas cotidianos.

Pero volvamos a la dueña de la voz: no era la de “PINKY”, la famosa locutora porteña.

No, esa era la de la otra “Pinky”, la de aquí, la nuestra, la de una señora cuyo esposo, el muy apreciado y siempre recordado Mario González, gustaba llamar ( fiel a su chispeante estilo) con el mismo apodo.

Y le quedó.

La llamativa personalidad de Mario González, siempre de buen humor,  haciendo gala de su poco común plurilingüismo, proviene  de una interesante mezcla étnica. Su padre correntino, su madre miembro de una familia brasileña instalada en Santo Tomé, donde la abuela materna de Mario, llegó a vivir 113 años. Mario nació en Santo Tomé, Corrientes, el 22 de julio de 1927. Se crió en un ambiente fronterizo, hablando portuñol  partícipe de los vaivenes propios  de la gente de ambas orillas.

A los 18 años le tocó el servicio militar en Paso de los Libres. Rápidamente se ganó la confianza de sus superiores, al punto que, gracias a sus conocimientos del idioma portugués, hizo de traductor de la correspondencia entre su jefe y la novia brasileña de éste..

Después de cumplir con el servicio militar, viaja a Jardín América en 1953 donde conoce a Romilda Sauer, una linda  peluquera hija de un mecánico, con quien inicia un romance que desemboca en casamiento.

La joven pareja instala un negocio de publicidad oral “Iguazú” en los altos de la ruta 12  con “…un equipo UCOA a lámparas, dos bocinas LEA, un micrófono RANSER, varios discos de carbón, un gramojón o victrola, un tocadiscos WINCO y muchos metros de cable”..(Norma González), transmitiendo desde una habitación de la familia Sauer, trabajando con Wilibaldo Klauk y Domínguez.

Tiempo después, el inquieto Mario, intenta nuevos horizontes en Puerto Rico, donde trae a su señora e hijas Carmen (Katy) y Norma, en  febrero de 1963, instalando  la PUBLICIDAD “PUERTO RICO”, primer medio de comunicación local

Las bocinas de la “propaladora” se distribuían a través de un cableado en cinco puntos diferentes por la avda San Martín, cuando ésta no era más que una calle de tierra.

No todo se dio natural y fácil para la familia González. Llegaron a Puerto Rico en tiempos del párroco Rvdo. P. José Puhl, que al escuchar la programación que abría la agenda diaria de música, comunicados y publicidad, con la cortina musical “Capivarí”, marcha militar argentina, presentó una queja formal a las autoridades, en desacuerdo con dicha música que según él, no respondía a la idiosincrasia de la población, en su mayoría de ascendencia germánica. El Comandante Cruz de Gendarmería Nacional, hizo notar al sacerdote, la importancia de difundir la música nacional, como marchas militares, folklore y tango, y ordenó que siga la difusión. Tal vez la simpatía, el don de gentes o la espontaneidad de don Mario, ganaron el corazón del P. Puhl, que no sólo le dio la razón, sino que mantuvo una gran amistad con él, aun después de su traslado a Jardín América.

Doña Pinki se concentra en desandar su historia y nos comenta que su primer albergue fue una pieza debajo del Cine Ipiranga, de la familia Krindges, donde también estaban los equipos de transmisión.

Varias mudanzas debió afrontar la familia hasta poder ubicarse en su terreno propio. Estuvieron con sus estudios en el Club Juventud donde además de la publicidad atendían la cantina, en La Casa de la Cultura (después propiedad  de Abdón Vier), Mercado Neumann (local Reichert, calle Posadas y Av. San Martín), donde un incendio destruyó la totalidad de los equipos. En esa oportunidad, la respuesta solidaria de la gente, y  créditos que obtuvo Mario de los bancos Nación e Iguazú, permitieron reanudar el trabajo después de cuatro días de silencio.

Por algunos años, Katy, la hija mayor se  hizo cargo de una nueva publicidad en Jardín América, ya que se había formado en la escuela de la experiencia de sus padres.

La familia siguió creciendo con la llegada de Mario Oscar, Juan Alberto (Titi), y Adela Vanesa. Desde pequeños, todos manifestaron sus dotes artísticas con el canto y la actuación. Los dos varones fueron muy conocidos en nuestro medio cuando formaron el conjunto “Los Cambá Pororó”. También Mario y Pinki integraron un duo de canto que recorrió ciudades y pueblos fronterizos de Brasil, en la década del 60.

Simultáneamente al quehacer publicitario, la  capacidad creadora de Mario encontró en la formación de comparsas un canal de expresión que animó muchos carnavales en Puerto Rico. Ya en su tierra natal formó la comparsa “Marabú” mientras que en Jardín América organiza la comparsa “Los Americanos”. En nuestra ciudad comienza con la comparsa “Yarará” en el club Juventud, muy apoyado por don Andrés Salguero, dirigente por muchos años. A partir de 1980 está al frente de la comparsa “Copacabana” donde centenares de niños y jóvenes  pudieron experimentar la disciplina de los ensayos y la satisfacción del protagonismo de un buen espectáculo

Después de adquirir el terreno de la calle Florencio Varela y construir su casa, se inicia la última etapa de la publicidad Puerto Rico, que fue cerrada definitivamente en 1992 ante la queja de algunos vecinos y la presunción que molestaría a la nueva radio municipal.

¡Cuánta habrá sido la tristeza de don Mario, cuando de pronto tuvo que silenciar su desbordante necesidad  comunicativa, a la vez, su principal medio de vida!

El espíritu inquieto de Mario, no estaba hecho para llorar sobre la leche derramada y quedar de brazos cruzados ante la adversidad, no era su estilo. Entonces, siguió trabajando los fines de semana en el ámbito de los encuentros de fútbol, con sus equipos pasando publicidad y música.

La vida de Mario González se apagó de pronto, sin previo aviso, el 22 de junio de 2000, eñ mismo día que cumplía los 75 años. Así, desestructurado, como era él  siempre, nos tomó a todos por sorpresa.

Desde “Somos Puerto Rico” quisimos recordar la vida sencilla y fecunda  de ese pionero en el oficio de “pasar publicidad” para que permanezca por mucho tiempo en la memoria  de nuestra gente.

Y no encontramos mejor manera de cerrar esta nota que transcribir algunos párrafos que escribiera magistralmente desde el afecto, Claudio Salvador, en la revista Cocú nº 6.

MARIO NO DEJES DE ALEGRARLO A DIOS

“…broncas de ausencias, silencios, recuerdos. De homenajes que llegan tarde, como esta vez.”

“…con que palabras intentaríamos resucitar su alegría y remediar el llanto de veredas vacías que no reciben ya la caricia permanente de sus pasos, su saludo hablando en cien idiomas, su charla prodigando mil chistes, su gracia derramando entusiasmo hasta colmar las calles de coloridas comparsas, desbordantes, clamorosas.”

“Aunque con tanta tarea triste que le da este mundo ingrato, buena falta le hace –angá, al Altísimo- un correntino de ley, como Mario, a su lado. Sacándote el sombrero en su presencia, no te olvides chamigo de relatarle a Dios aquel partido de fútbol y de remedar las publicidades radiales del Paraguay, nombrando uno por uno en lúcido guaraní los frutos de esta selva tuya, casi perdida.”

“(Me parece estar oyendo las divinas carcajadas a través de un parlante callejero, como los que instaló ayer tu esfuerzo en las esquinas del centro)…

 

 

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