Suizos y alemanes en San Alberto

Publicado el 20/01/2011

 

El hito  geográfico que marca el comienzo de la historia de nuestra ciudad es San Alberto.

Allí desembarcaron las primeras familias desde fines de 1919, se alojaron en un galpón que había quedado de un proyecto fallido de la CIBA (Compañía Introductora de Buenos Aires). El lugar perdió protagonismo  unos meses después cuando Culmey traslada la Administración de la Compañía  Alto Paraná, unos km aguas abajo, hoy Puerto Rico.

El mapa de San Alberto nos refleja una extensa superficie que se extiende desde el río Paraná al norte, en una sucesión de secciones que arman un diseño casi rectangular muy alargado, que avanza bordeando Puerto Rico, Línea León, Mbopicuá, Capioví y Línea Cuchilla al oeste y sur; al este limita con Garuhapé.

El fraccionamiento de los lotes de San Alberto es muy particular: en las adyacencias del río Paraná se encuentra “San Alberto Pueblo” que originalmente fue planificado para ciudad con cuadrículas perfectas del modelo “damero”, hoy conocemos esa parte como “San Alberto Puerto”. Seguido a la anterior, se desarrollan dos secciones de quintas y finalmente tres secciones de lotes muy regulares y más grandes que las anteriores, lo que hoy se conoce como “Colonia San Alberto”.

La disponibilidad de tierras agrícolas se agotó rápidamente en Puerto Rico. Las familias de agricultores por lo general, numerosas, no podían seguir subdividiendo sus chacras: a medida que sus hijos se emancipaban, cada vez debían ir más lejos para conseguir una parcela de tierra. Fue así que con el tiempo la colonia San Alberto se fue poblando con casas dispersas en las chacras, generalmente a lo largo de los caminos.

Algunos de los primeros descendientes de los alemanes brasileros, compraron tierras ahí. Pero, desde la década de 1930, aproximadamente, coincidente con la difícil etapa de la post guerra en Europa,  comienza el arribo a la zona de alemanes y suizos, directamente llegados de Europa. Llamativamente la mayoría de estas familias se ubicaron desde la parte de quintas a lo largo de un camino perpendicular a la ruta 12 y que llega hasta Picada Libertad (todavía parte de San Alberto) y Capioví. Casi todos se dedicaron a la agricultura a pesar de que varios tenían oficios altamente calificados, que eran difíciles de ejercer comercialmente en la colonia.  El señor Guldimann, por ejemplo, era confitero profesional, instaló un horno y se dedicó a la panadería hasta donde los precarios medios de la época lo permitían. Sus hijos recuerdan cómo se trasladaban hasta  Oro Verde para llevar pan y masas; también tenían un almacén de ramos generales y uno de sus hijos luego transformó un galpón de tabaco en salón de baile, muy frecuentado por los vecinos de Puerto Rico.

Las familias eran casi todas evangélicas,  en algún momento levantaron el templo de la Iglesia Evangélica Suiza, al comienzo con grandes dificultades porque no tenían pastor, dependían de la asistencia espiritual de pastores de Eldorado o Montecarlo, hasta que en 1944 llega a la zona el pastor Gottfried Rohner que vivía en Puerto Rico y se trasladaba periódicamente a San Alberto.

Iglesia Evangélica Suiza en San Alberto

Algunas familias  llegadas directamente de Europa (Suiza, Alemania, Austria)  que se instalaron en San Alberto fueron: Bader, Basler, Bichsel, Botz, Deltik, Dippmann, Gamper, Guldimann, Haffliger, Heymann, Hübbner, Jetter, John, Qués, Manser, Müller, Nedenberg, Neuman,  Nieslony, Schweitzer-Müller, Unger,  Weidmann, Wendt, Zuber…

Este grupo de familias, especialmente las de origen suizo, se relacionaban mucho con amigos y conocidos del mismo origen de Ruiz de Montoya, Oro Verde y Santo Pipó, a donde se trasladaban e intercambiaban visitas y fiestas en ocasiones especiales.


Las distancias en aquel tiempo eran muy significativas, teniendo en cuenta las condiciones de los caminos, estar rodeados de selva y el transporte automotor de escaso desarrollo. Para llegar a Puerto Rico donde podían satisfacer sus necesidades de atención médica, bancos, trámites, se dirigían hasta la ruta 12, en la esquina del almacén de Hillebrand donde podían tomar algún colectivo, o bien se trasladaban a caballo, sulky o bicicleta. Para asistir a la escuela, unos concurrían a la escuela nacional nº 222 y otros a la escuela nacional nº 170 de Mbopicuá, dependiendo de la ubicación de la familia.


Las condiciones de distancia y aislamiento de este grupo de pobladores y teniendo la mayoría rasgos culturales comunes, hizo que entre ellos se formaran lazos de vecindad muy estrechos, de ayuda mutua  en situaciones adversas.


Con el tiempo, sus descendientes fueron emigrando hacia centros urbanos, algunos jóvenes fueron a vivir a Suiza o Alemania, casi siempre por razones de estudio o trabajo.

Hoy quedan muy pocas de estas familias en la chacra. El antiguo camino troncal hacia la colonia tan solo modificado con el nuevo cruce de la ruta 12, sigue exactamente en el mismo lugar.

De tanto en tanto, entre chacras y pinares aparecen algunas casas antiguas, que evocan con nostalgia a sus viejos pobladores como queriendo traer de vuelta a este mundo a los que se nos adelantaron.

 

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