Raíces alemanas, sudor argentino

Publicado el 31/01/2011

Guillermo Deukels

12 de noviembre de 1969. La población de Puerto Rico movilizada con gran expectativa, prepara los festejos del cincuentenario de su fundación. Una ingrata noticia conmueve a los vecinos de la ciudad: “falleció el sr. Guillermo Deukels”  El sentimiento de consternación  tenía su explicación. En pleno trabajo en su comercio, y en medio de una vida llena de realizaciones y trabajo comunitario, se apagaba la vida de un ciudadano comprometido con su pueblo.

¿Quién era Guillermo Deukels? ¿Cómo se relaciona esta historia particular con aquella que el pueblo se aprestaba a conmemorar en aquel noviembre de 1969?

A casi 40 años de ese episodio, la sra. Irmgard Deukels de Weigmann, hija de don Guillermo, residente desde hace muchos años en Colonia (Alemania) cuenta la historia familiar, y nos permite conocer y recrear la rica trayectoria  de su padre.

“Guillermo Deukels nació en Homberg, Alemania, el 13 de agosto de 1906. Sus padres fueron Huberto Deukels y Margarethe Caspary. La familia pasó los difíciles años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) Alemania estaba derrotada y en una situación muy precaria, lo que motivó la emigración de muchas familias alemanas a la América del Sur y Norte.

Corría la voz que la Argentina era un país de porvenir, de manera que el matrimonio Deukels, con sus hijos  Guillermo (20 años), Juan (18 años) y Elfriede (6 años), se juntaron a la gran ola de emigrantes alemanes. Llegaron a Buenos Aires en 1926, siguiendo hasta Misiones donde habían comprado un terreno.

Es de suponer que la familia no tenía idea precisa que Misiones era una tierra de pioneros. Mi abuelo Huberto era pintor, oficio imposible en un lugar donde se requiere fuerza pionera para transformar la selva en cultivos. Mis abuelos trataron de adaptarse y con los consejos útiles de vecinos alemán-brasileros, en especial de la familia de Willi Alles, lograron cultivar una chacra con plantaciones y animales.

Guillermo ayudó a sus padres en lo que podía, pero Juan no estaba dispuesto a quedarse en Misiones, de manera que dejó a la familia, radicándose definitivamente en Brasil donde veía más perspectivas.

A pedido de muchos colonos mi padre fundó ya en 1927 una escuela alemana en Mbopicuá. En ocasión del 40 aniversario de la Escuela Nacional nº 170 de Mbopicuá Guillermo Deukels recibió un diploma mencionándole “Colaborador desde la fundación de este establecimiento”. Una vez en marcha la mencionada escuela, sigue Guillermo en Puerto Rico con la fundación de una escuela alemana, autorizada también por la Embajada de Alemania en Buenos Aires.


Mbopicuá

Hasta hoy tengo la impresión que mi padre trabajó con gran idealismo, porque si faltaban los medios para pagar la contribución mensual, a veces se pagaba con productos de la chacra. Las clases eran paralelas a las de la Escuela Nacional argentina, o sea que los alumnos hacían un gran esfuerzo para visitar en el mismo día a continuación, la escuela alemana. Mi padre siempre hablaba con gran entusiasmo de sus ex-alumnos.

En 1935 contrajo matrimonio con Elizabeth Vier, hija de Jacobo Vier y Tecla Weber. Se habían conocido en el coro de cantores, dirigido por mi padre por algún tiempo. Mi madre y un hermano de ella eran miembros de ese coro.

Uno de los hobbys de mi padre era la fotografía. De aquel tiempo existen muchas fotografías de la colonia y sus habitantes. El mismo revelaba sus películas. Aquellas fotos en blanco y negro aun conservan buena calidad. Amaba la música, especialmente el canto.

Yo nací en Puerto Rico en 1938, cuando mi padre ya tenía serios conflictos con la escuela alemana en Puerto Rico. Como ya he mencionado, esa escuela estaba bajo la supervisión de la Embajada Alemana en Buenos Aires. De esa institución se enviaron banderas a todas las escuelas alemanas de la Argentina, con la orden de izar la misma en la escuela al lado de la bandera argentina. La bandera alemana en aquel tiempo tenía el símbolo del “Hackenkreutrz”, emblema de los nacional socialistas partidarios de Hitler. Es muy comprensible que muchos colonos no querían mandar a sus hijos a una escuela con tal ideología.

Mi padre tenía que tomar una decisión, pues se encontraba por una parte con la orden de izar la bandera alemana y por la otra con la desaprobación de muchos padres. Mientras tanto también se estaba concretando la fundación del Colegio San Alberto Magno  con posibilidad de enseñanza religiosa, un gran atractivo para muchos padres. En consecuencia mi padre decidió cerrar la escuela alemana en Puerto Rico.

Para mi abuelo Huberto Deukels los años en Puerto Rico no han sido muy felices. ¿Qué hace un pintor en una colonia de pioneros, donde no existe el deseo ni el dinero para encargar un cuadro al óleo? Trabajó en su chacra lo que pudo, pero una vez que pudieron vender la chacra adquirida en 1926, volvieron con su hija Elfriede a Alemania en 1938.

En 1939 mis padres emprendieron un viaje a Alemania. Pero desgraciadamente mi padre no tenía informaciones verídicas de la situación política de Alemania bajo el régimen de Hitler. Así viajó sin reparos, y después de visitar a los parientes y registrando la situación política quería volver a la Argentina, pero como ciudadano alemán, además de encontrarse en una edad factible de ser reclutado, ya no permitieron más su salida y la “visita” había llegado a su fin.

Meses después, septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial, la cual aguantamos con todas sus consecuencias. En 1941 nació mi hermana Gisela en Dusseldorf, y en 1944 mi padre también fue llamado a las armas. El desastre de Alemania fue indescriptible, aún años después de finalizar la guerra en 1945.  Igual que después de la Primera Guerra Mundial, se repitió la ola de emigrantes alemanes, que ya no veían más futuro en su patria.

Pero normalmente pasaban años hasta poder conseguir los documentos necesarios. En nuestro caso, gracias a mi nacionalidad argentina nos fue posible salir de Alemania a través de un programa de “repatriación” de argentinos. (Mi madre había nacido en Brasil)

Así volvimos a ese país generoso y mi padre reanudó sus actividades en Puerto Rico, no como maestro, sino como comerciante, e interesado en actividades sociales.

Vidriera de “Casa Deukels”

Se dedicó con gran entusiasmo al Club Social y Deportivo Victoria, especialmente al proyecto de construcción de un local propio. Ya en 1937 había formado parte activa en la fundación del Club.

En 1963 organizó el 6º Encuentro Internacional de Coros Alemanes del Alto Paraná en las instalaciones del Club Victoria, con la participación de coros de Misiones, Paraguay y Brasil.

Estaba siempre en contacto con la Embajada Alemana y con los Consulados alemanes de Posadas y Eldorado, siendo posible así la organización de presentaciones culturales en Puerto Rico para alemanes o sus descendientes y la comunicación de ellos con sus respectivos consulados en Argentina.

De la vida familiar queda en mi memoria un padre que nos ha enseñado muchísimo, porque quizás nunca olvidó su gusto de ser maestro. Teníamos en casa una pequeña biblioteca de literatura de autores clásicos alemanes y más tarde también de escritores españoles. He visitado el Colegio Santa María en Posadas, al cual recuerdo con cariño,  pero lo enseñado en familia me ha ayudado a echar raíces en Alemania y encontrar allí una base de vida.

Aprecio la generosidad de mi padre de permitirnos  en 1961 a mi hermana y a mi visitar a nuestra tía Elfriede en Alemania, con el permiso de permanecer allí por algún tiempo. Mandar a sus únicas hijas a un país tan lejano, no habiendo ni teléfono en Puerto Rico en aquel tiempo, creo que requiere un gran corazón de los padres.

¿Pero quién puede saber lo que nos ofrece el destino?

Las dos encontramos tan buenas posibilidades de trabajo, o sea de mantenernos mismas, de manera que nos quedamos más tiempo del previsto. En 1966 tanto mi hermana como yo nos casamos en Alemania e hicimos nuestro viaje de bodas a la Argentina, para presentar nuestros maridos a nuestros padres.

Creo que esto ha sido una gran alegría para mi padre, uno de los momentos más hermosos de su vida .Se llevaba muy bien con mi esposo y quedamos tres meses en Puerto Rico. Ya se hicieron planes para que nuestros padres nos visiten en Alemania…

El repentino fallecimiento de mi esposo en 1968 fue un golpe fatal para mi padre. Seis meses antes había nacido mi hijo Harald. Entonces mi padre me ofreció quedar con el bebé por algún tiempo en la Argentina y vivir en su casa. Así viajé con mi hijo a Puerto Rico, quedando allí más de un año, y para mis  padres fue un gran consuelo ver a su primer nieto.

Durante mi estadía, el 12 de noviembre de 1969, falleció mi padre repentinamente en pleno trabajo en su negocio. Yo estaba sola con mi madre, ya que mi hermana y su marido vivían en Alemania. Nunca olvidaré la multitud de gente que nos visitó durante aquel día y la cantidad de vecinos que permanecieron durante toda la noche, antes del sepelio, en el patio de nuestra casa. Se podían escuchar cantos en alemán de ex alumnos de mi padre, que después de tantos años se acordaron de él como su maestro, cantando canciones aprendidas de él. En el sepelio al día siguiente nos acompañó mucha gente al cementerio. Días después se festejó el Cincuentenario de Puerto Rico.

Recuerdo a mi padre con gran cariño que ha sido su segunda patria.  Aunque a veces hacía mención de su país natal, amaba la tierra colorada, amaba Misiones y al país que ha sido su segunda patria.

Las veces que he visitado después Puerto Rico, he procurado mantener la tumba de mi padre, pero desde  lejos no siempre me es posible en la forma deseada. En 1996 he visto la tumba bastante abandonada, lo que me llenó de tristeza. Pero él sigue viviendo en mi corazón y en el de mi hijo, quien conoce la historia de su abuelo como parte de nuestra historia familiar.

Hasta aquí el elocuente testimonio de primera mano, de la señora Irmgard, hija de don Guillermo.

Cabe agregar que en nuestro medio mucha gente aún recuerda el comercio de “ramos generales” ubicado en la intersección de las actuales calles Línea Paraná y avda. San Martín, exactamente donde hoy se encuentra una conocida agencia de venta de automóviles, pero básicamente su dueño es recordado como un patrón muy exigente y a la vez muy justo en las retribuciones, brindándose sin mezquindad para el crecimiento personal de sus empleados.

La rectitud y un irrenunciable  sentido del deber marcaron el carácter de este hombre que supo reconocer la hospitalidad de nuestro país hacia los inmigrantes, abonando con su esfuerzo el progreso de nuestra ciudad.

 

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