Don Leo durante la construcción del Polideportivo del ISAM

Un joven de unos 14 años va detrás de su yunta de bueyes, Gaúcho y Alegre, arando la chacra de sus padres en San Alberto. El primero de los animales estaba con tos y se trancó con la vara del arado. El muchacho se agacha para solucionar el problema y recibe la peor de las sorpresas: un bombardeo de excrementos sobre su cabeza, pésima afrenta a su dignidad. “Ahí no más me fui a casa, y nunca más” … Así explica don Leo Caspari, la circunstancia que lo alejó definitivamente del trabajo de agricultor, que  fue la tradición familiar por generaciones, para volcarse de lleno al oficio de albañil que llegó a dominar con verdadera maestría.


Leo Caspari es hijo de José Alberto Kaspari, inmigrante llegado a esta zona desde Bom Principio, Brasil, y su madre fue Lina Hillebrand. Nació en San Alberto, Misiones, el 2 de marzo de 1932. De su infancia recuerda  sus primeros y escasos años de escuela, en el Colegio San Alberto Magno. “Siempre era el primero en llegar a la mañana. Tenía que traer la leche muy temprano, para las hermanas que tenían las pupilas” Si bien le gustaban las Matemáticas, en general, no le gustaba estudiar. Hizo sólo hasta 3er grado y después trabajó en la chacra. A los 14 años, cuando vivió el desagradable episodio con los bueyes, decidió que la chacra no era para él. Se ofreció con su vecino Krindges, que estaba por levantar una cocina nueva,  “yo te voy a hacer la cocina” le dijo, a lo que su vecino respondió: ¿qué sabés vos de eso? Sí, yo  la voy a hacer, insistió. Entonces, pidió un poco de plata a su papá, para comprarse algunas herramientas básicas. Hizo la compra en la ferretería ¨Maili¨y comenzó la primera de una larguísima lista de obras, cada vez más más grandes y complejas. Después de su debut como albañil, con la cocina de 7m x 5m, que fue muy satisfactorio, encontró trabajo  con la empresa Moure y Garrazino  de Garuhapé, junto a un tío para la construcción de seis casas de madera con la técnica “Fachwerk” (preparación de la estructura de tirantes y posterior traslado y armado en el lugar definitivo). Nunca antes había trabajado levantando paredes ni en construcción de casas de madera, sin embargo las pudieron terminar en 17 días. Recuerda que en esa oportunidad ganaba 0,50 ctvs. por día.

Siendo muy joven todavía, con la misma edad que tienen hoy nuestros jóvenes que finalizan el secundario,  Leo Caspari participó de trabajos sumamente importantes, con renombrados albañiles como Juan Reiser y Aloisio Hippler. Por ejemplo, a los 17 años integró el equipo de constructores de la iglesia San Alberto Magno, y como era el más joven del grupo,  le tocaba trabajar en las alturas. Es así que tuvo que armar el último tramo de la torre, armar la base de la cruz, y revocar el pináculo, trabajo que hizo junto con Leo Seidel. Como testigo directo del proceso de construcción del templo, señala un detalle pintoresco: dentro de la base de hormigón de 1 m. de altura que sostiene la cruz,  fue colocada una botella de vidrio con papeles donde consta entre otros datos, la fecha, lugar y nómina de los constructores de la iglesia. Una vez terminada la torre, participó en la construcción de la Casa Parroquial y después del comedor de la casa de las hermanas del Colegio. Allí se construyó un enorme aljibe de 11 m. de largo y apenas terminado vino una tormenta y la descarga eléctrica de un rayo, rompió todo el revoque recién terminado.


En 1952 realizó su primer trabajo solo, que fue la casa de don Bertoldo Vier, al norte del club 25 de Mayo, entre la avda. 9 de julio y Nahuel Huapi, edificio que aun se mantiene en pie.
En ese momento sobreviene un paréntesis en la historia laboral de Leo, ya que, como todos los jóvenes con 18 años cumplidos, tuvo que hacer el servicio militar, en su caso en el Regimiento 12 de Monte, de Apóstoles. Al regresar de la colimba, lo convocan para  revocar la bóveda del interior del templo en 1954.


En el vasto repertorio de trabajos realizados por don Leo Caspari, que da una fisonomía característica a Puerto Rico, se encuentran: el Salón Parroquial, el edificio de la Municipalidad, La escuela Prov. Nº 177, la escuela Prov. Nº 126, La fábrica de almidón de la Cooperativa San Alberto, parte del local comercial de la Cooperativa San Alberto, El edificio del ISAM, secundaria, Hogar de Ancianos “San Antonio”,el club Victoria, el Cine San Martín, Silo de la Cantera Nedel planta baja del comercio Di-Ya-Hogar,  varias partes del complejo constructivo del Instituto Línea Cuchilla  (tambo, salón de usos múltiples) además de numerosas viviendas particulares. También tiene en su haber la construcción de varias capillas: la nueva capilla San Roque de San Alberto, cap. San Nicolás de Línea Cuchilla, Iglesia Evangélica de Puerto Rico y la Iglesia Católica de Monte Carlo. Construyó además la casa del Obispado  de Iguazú y la vivienda de las religiosas del mismo lugar.


El gran salto creativo en la vida profesional de Leo, se produce de manera casual, cuando el dr. Cleto Rauber le encomienda la construcción del Hotel “Caravan” y solicita  que deje una pared con ladrillos “a la vista” en cada una de las 23 habitaciones que tendría el edificio. Pensando cómo podría concentrar la atención de los turistas hacia los ladrillos, producto que caracteriza a nuestra región, se le ocurre armar diseños geométricos decorativos, aprovechando las diferentes tonalidades de los ladrillos, según el proceso de cocción. Hizo una prueba preliminar acomodando los ladrillos en el piso, y dando rienda a su creatividad, fueron surgiendo distintos motivos ornamentales, que luego los trasladó a las paredes. A partir de entonces, siguió ensayando esa técnica en diferentes construcciones públicas y particulares, que hoy son una marca única y distintiva en la arquitectura de nuestra ciudad.


Muchas otras obras se sucedieron, pronto fue el albañil de más prestigio de la ciudad. Levantó el nuevo Edificio Municipal encima de las ruinas de un antiguo Hospital. Al iniciarse la década de 1980, llega a Puerto Rico la Hna Javierina como directora del ISAM. Al poco tiempo advierte que falta infraestructura para los deportes en nuestra ciudad y planifica el monumental polideportivo “San Alberto Magno” Para concretar ese sueño, convoca a un equipo interdisciplinario. Como constructor contrata a don Leo que fue el responsable de dirigir la construcción. Muchas horas de desvelo y otros tantos madrugones fueron invertidos en esa obra. Desde muy temprano se lo vehía a don Leo, recorrer e inspeccionar cada detalle de la obra. Al levantar las paredes interiores, aplicó su técnica de armar diseños geométricos, de gran calidad estética, siempre admirado por los visitantes. Es notable el trabajo en los cielorrasos, que genera toda clase de conjeturas sobre el cómo lo habrá hecho.


Su obra más reciente, la clínica de los doctores Vecchia, es otro de sus grandes logros. Desde lejos se aprecia uno de sus diseños en una alta pared que sostiene la cornisa. Fue en el transcurso de este trabajo que don Leo sufre una caída, que lo dejó postrado en silla de ruedas, no obstante, tiene tanta ilusión de ponerse bien que comenta “tengo que terminar la cornisa de la clínica”.

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