Escribe Omar Cabral
UNA GRAN OBRA. UN ENORME MOTIVO PARA PENSAR.
La presentación de la obra “Un informe sobre la banalidad del Amor” de Mario Diament e interpretada magníficamente por Alejandra Darín y Osmar Núñez, nos deja varias sensaciones e innumerables elementos para reflexionar.
Si partimos del supuesto de que una de las premisas del arte es regocijar el espíritu e incentivar el pensamiento, podemos concluir que la pieza ofrecida este último viernes en el Cine Teatro San Martín cumplió con creces ambos objetivos.

A partir de una impecable puesta en escena, de un texto sin desperdicios y de las actuaciones de dos actores de primer nivel, el espectador recorre un camino a través de la laberíntica relación amorosa entre Martín Heiddeger, el gran filósofo alemán adherente al nazismo y Hannah Arendt, filósofa y politóloga alemana también, pero de ascendencia judía, opositora acérrima del régimen hitleriano.
Una relación profunda que lleva a la superficie distintos aspectos propios de la psicología, la historia, la militancia política, la misma filosofía y sobre todo la condición humana expuesta y sometida a sus sentimientos mas fuertes.
Cómo entender una historia de amor limitada, pero a la vez reimpulsada constantemente por las contraposiciones de sus protagonistas? Cómo explicar un sentimiento que se somete, pero que al mismo tiempo rebalsa los límites de las pasiones ideológicas de quienes lo profesan?
Seguramente no existe una explicación o una respuesta única y concreta, pero quedan tantos matices, tantos motivos para pensar y concluir dando la razón a una de las frases finales de la protagonista: “el amor es amoral”. De otra forma no se puede concebir que perdure mas allá de las diferencias ideológicas, sociales y conceptuales sobre el bien y el mal, incluso más allá de las distintas maneras de entender y vivir el amor.
La obra sirve además para humanizar a aquellos “grandes hombres de las ciencias y el pensamiento”, muestra como un hombre dueño de una mente brillante, de un pensamiento trascendente, de un raciocinio elevado, se desnuda torpe y hasta ingenuo e incomprensiblemente sencillo para manejar sus relaciones personales, para entender su propia humanidad. Los hace mas cercanos, mas reconocibles para el resto de los humanos.
Nos da la posibilidad de meditar sobre la dificultad de analizar y discernir correctamente sobre los valores y los alcances de los procesos políticos e históricos que nos son contemporáneos. Hoy detrás de la perspectiva que nos da los años y desde el conocimiento de los hechos históricos, a nadie le cabe dudas sobre lo atroz y nefasto que fue el nazismo. Pero, cómo lo vivieron y entendieron muchos hombres y mujeres que vivieron aquel tiempo?. Les era posible comprender en aquel entonces la magnitud del infierno que se gestaba?, o se vieron inconscientemente envueltos en la vorágine de un movimiento político que parecía ofrecer la posibilidad de alcanzar los anhelos colectivos perseguidos por todo un pueblo? Una mente luminosa como la de Heiddeger no pudo lograrlo. Podría hacerlo el hombre común de aquellos tiempos?.
Queda una buena chance también para reafirmar en los conflictos bélicos o en los procesos políticos basados en la violencia, nadie queda al margen del dolor y del sufrimiento. Todos en algún momento del desarrollo beligerante resultan vencidos, perseguidos, oprimidos, desterrados, humillados, aniquilados.
Como siempre en una relación humana, particularmente en una relación de pareja, no caben las generalidades ni las simplificaciones. Todo está cargado de una gran subjetividad, de una irrepetible singularidad, de una particular semiosis para expresar lo que representa, vale y demanda el amor.
La historia de amor entre Heidegger y Arendt, nos expone actitudes, conductas testimonios, que quizás no compartamos ni comprendamos, pero que nos reafirman que solo un sentimiento demasiado fuerte y profundo puede no doblegarse ante tantas adversidades y dificultades.
Aquí vale pensar también sobre la conveniencia o pertinencia del título de la obra, por que si hay algo que se vislumbra al final de la historia es que no existe de modo alguno, la banalidad del amor.

            

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