La olla mágica

Publicado el 14/05/2010
Escribe Pablo Martín Gallero

Esta es la historia de una olla, que por el tamaño era diferente al resto de las ollas, basta con saber que para transportarla se necesitaba un camión, fue construida por un gentil hombre, un herrero que viendo que en las grandes fiestas había que conseguir varias ollas para cocinar para tantos, entonces se le ocurrió que si fabricaba una gran olla la comida saldría más sabrosa al homogeneizarse mejor los sabores, además la prestaba para hacer viandas para recaudar fondos para los diferentes grupos de la comunidad, pero aquel herrero puso como condición que no se cobre por su uso, que sea utilizada para compartir comidas en encuentros o para recaudar fondos para las instituciones de la comunidad;

él decía que Dios nos regalo la vida, al igual nosotros debíamos aprender a regalar vida, hay que dar gratuitamente pues hemos recibido gratuitamente como nos lego nuestro Señor, dijo que si se lucraba para que se use la olla una maldición caería sobre la olla. La olla se utilizaba y todos los grupos podían solventar sus deudas con las ganancias producidas gracias a la olla mágica; tan rica salía la comida que siempre terminaba faltando porque todos querían comprarla, la gente le decía la olla mágica porque nadie podía cocinar así en sus casas, el secreto estaba que se necesitaba trabajo en equipo, unión y amistad para lograr buenas comidas, además uno colaboraba con la sal, el otro con el aceite, el otro donaba la carne, el otro las verduras, otro el condimento, y todo este trabajo hacia que se logre un buen sabor. Pero un día un grupo se le ocurrió que si cobraban por el uso, podrían recaudar más rápidamente fondos, y así fue que empezaron a cobrar, y los grupos que la usaban debían comprar los productos para cocinar, los cocineros cobraban por el trabajo, en las fiestas se cobraba la entrada, los músicos cobraban por tocar, todo lo que antes era gratis se volvió un negocio y la magia se perdió. Entonces fue cuando las comidas dejaron de salir ricas, y la gente dejo de comprarla y las fiestas familiares dejaron de celebrarse, y los grupos terminaron peleados por el dinero. La olla fue guardada y la comunidad fue desmembrada, cada uno se quedaba a ver televisión en su casa, pero cuando llegaba la noche siempre recordaban las fiestas, los lindos bailes y de las ricas cenas que habían vivido gracias a la olla mágica. Hasta que le fueron a preguntar al herrero que había pasado con aquella olla, a lo que el hombre respondió: Yo la hice generosamente, cuando uno da generosamente uno recibe generosidad, pero cuando uno da con mezquindad uno recibe mezquindad, aquella olla no era mágica, la magia la ponían todos al trabajar para lograr un buen guisado, la magia estaba en el compartir, en el trabajar para que los niños puedan jugar, que las iglesias puedan subsistir, que las ONG puedan trabajar, la magia solo se genera cuando se comparte una sonrisa, todo eso terminó cuando empezaron los intereses materiales, por eso si quieren recuperar la magia, deben recuperar la fiesta, el compartir, dejar de mirar el mundo con los ojos de costo beneficio, dejar de mirar al otro como un cliente, y deben volver a poner en la escala de valores la comunidad, la hermandad, la alegría, de esta forma la olla volverá a dar buenas cenas.



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