Art. publicado en la revista Somos Puerto Rico nº 4

Maximiliano Olmedo Rauber (Johny)

Corría el año 2004 cuando Maximiliano, uno más de tantos jóvenes portorriqueños, con la mochila llena de ilusiones y ansias de experimentar nuevos desafíos deja su  pueblo natal en busca de su destino.

Maximiliano, Johny  para los conocidos,  es hijo de Maximiliano Olmedo y Ester Rauber. Tiene tres hermanas mayores, Magdalena, Alicia, Marisol y su hermano menor, Guille.

Se dirije a Buenos Aires y se inscribe en la UBA para estudiar Diseño de Indumentaria. Comienza el CBC de la universidad, entre la fascinación de lo nuevo, el impacto del desarraigo y la urgencia por resolver una cuestión tan vital como la subsistencia. Busca trabajo y consigue ubicarse en una gran tienda de venta de ropa, de esas tan paquetas que nos hacen pegar “la ñata contra el vidrio”, pero muchas veces ignoramos el trasfondo de exigencia y explotación que esconden  detrás de sus elegantes vidrieras.

Al poco tiempo se transformó en una víctima más de la “jungla de cemento” alienado al ritmo febril de la gran ciudad donde su joven existencia se redujo a correr contra el reloj de las clases al trabajo, con muy pocas horas de descanso. Probó con otro trabajo similar, pero en un emprendimiento más pequeño, y peor aún. Experimentó la impiedad de quienes ven en las personas sólo un medio para facturar más.

Ya avanzado ese primer año, la situación se tornó insostenible y la crisis se desató un día cuando recibe una llamada de su padre quien percibe esa angustia,  con amor y sabiduría  lo contiene y le sugiere que regrese.

Esos meses que transcurre con su familia, sus afectos, en el cálido entorno conocido le permiten sedimentar tantas experiencias, ordenar las ideas y cobrar nuevo impulso para seguir.

Él mismo comenta “no creo en la suerte, me dejo llevar por la intuición, aprendi a transformar la incertidumbre en energía positiva, en el camino hacia la meta y el libre albedrio”

 

 

Con esa actitud ante la vida vuelve a Buenos Aires en el 2005, dispuesto a encarar una nueva búsqueda. “Yo no sabía exactamente qué iba hacer, pero en el fondo tenía la certeza que lo mío estaba en relación con el arte, la moda o ambos. Al principio tomé contacto con mis amigos que estaban allá, conocí lugares y gente nueva, hasta que un día descubrí una escuela de peluquería. Dudé un poco pero al fin decidí tomar unos cursos con la ayuda económica de mi familia. Era la peluquería de Pino-Leo-Lina que se hizo famosa en los 90 como “la Escuela de Pino”

Rápidamente adquiere las habilidades de un peluquero profesional. En el ambiente de amigos conoce a Cristina Szewald, una productora de modas obereña en Capital, quien lo conecta con Juan Olivera, un importante peluquero de modas que lo incorpora de inmediato a su staff y junta experiencia en el oficio.

Cuando entré por primera vez a un estudio de fotografia, grande, iluminado, hermoso, sentí que ese era mi lugar y efectivamente, enseguida, con la creatividad que le brota por los poros ya peinaba para producciones relevantes.

¿Quién y cómo se  decidía los peinados? preguntamos.

Esa siempre fue mi responsabilidad, algunas veces seguia las coordenadas de la productora y otras miraba la ropa, los colores, la modelo, y me ponía a trabajar dando rienda suelta a mi imaginación- Y a juzgar por las fotos que vemos en las revistas especializadas que reflejan sus trabajos, los resultados son espectaculares.

Y fiel a su espíritu de búsqueda constante comienza a experimentar con una pequeña cámara de fotos e intuye que va a descubrir cosas interesantes.

Comencé a sacar fotos de cualquier cosa que veía,  hasta me sacaba fotos a mi mismo, y empecé a compartirlas con mis amigos, me convertí en un “flogger”, cuando aun no existia el termino y el “Fotolog” recien arrancaba. Un día tuve la oportunidad de comprarme una cámara buena, usada, semi profesional y vi que los resultados son óptimos. Investigué, participé de talleres y en este momento siento que es la actividad que me llena y me permite canalizar mi creatividad en el mundo de las producciones de moda.

Actualmente Johny con sus jóvenes 23 años alcanzó una excelente performance en el glamoroso mundo de la moda, sus trabajos aparecen en revistas de primer nivel. SPR accedió a él mientras estaba  disfrutando de unos días de descanso junto a su familia.

Y ante la pregunta ¿qué le dirías a  los chicos de tu pueblo que están por terminar su secundario? dijo: “Paciencia, Perserverancia, Desapego y Compasión. Hay que estar abierto a la Posibilidad. Una vez lei de Carl Gustav Jung: El camino hacia la meta parece caotico e interminable al principio, sólo gradualmente aparecen signos que nos indican que vamos a algún lado.”

Y no quiso cerrar la nota sin antes agradecer: a Dios por la familia que tengo, que siempre me comprende y apoya. A la vida por las oportunidades, las experiencias y aprendizajes de cada dia. Y a tooooda esa gente hermosa que se me ha cruzado en el camino, mostrandome el secreto de las relaciones humanas.

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