Por Leonor Kuhn

(Art. publicado en el nº 2 de la revista SOMOS)

–    Disculpe, la calle Pellegrini, ¿queda lejos de acá?
–    No, ¿ve aquella esquina donde está el Banco Nación y el kiosco de revistas?, la que dobla para abajo, es la  Pellegrini.
Transeúntes imaginarios de un día cualquiera, no podrían referenciar con más precisión, la ubicación de esa calle, que tuvo un protagonismo central en la formación  de una de las primeras zonas  con rasgos de barrio, en los alrededores del nuevo centro.
Cuando hablamos de “nuevo centro” nos referimos a la paulatina pérdida de movimiento e importancia del núcleo poblacional original, cercano al puerto, con la instalación de casas y negocios a ambos lados de la zigzagueante calle principal, cada vez más hacia el sur, acercándose a la nueva ruta nacional nº 12.
En 1940 se inaugura una década de gran crecimiento y transformaciones para el pequeño asentamiento urbano que era Puerto Rico entonces.
Y  justamente, entre las actuales calles Pellegrini y Paraná, José Ernesto Krindges, inmigrante brasileño, había construido un local de madera de grandes dimensiones, con un salón de baile (después Cine Ipiranga), y varias habitaciones destinadas a albergar a gente que estaba de paso. Detrás del local, hacia el oeste y pendiente abajo, se extendía su chacra y potrero, hasta el arroyo León.
En aquella época Gendarmería Nacional alquila la pensión de Krindges e instala su regimiento hasta el año 1945, donde se muda a su lugar definitivo hasta el día de hoy.
Nuevamente la familia Krindges ocupa su propiedad y comienza con el emprendimiento del cine, bar y salón de baile y cancha de basquet. Para ese entonces deciden lotear su potrero y chacra, y con la venta de las parcelas, comienzan a instalarse algunas familias en la zona.
Al otro lado de la calle Pellegrini, se extendía la propiedad de Enrique Riedmaier, hasta la actual calle Belgrano, cuyo fraccionamiento coincide más o menos con el anterior.
Entre ambas chacras, y hasta el arroyo León, una callecita de colonia, pedregosa, muy empinada, mucho antes de llamarse Pellegrini, era el acceso al molino de maiz y más tarde el aserradero de Aloisio Wolfart, donde pesados carros tirados por bueyes, entraban con rollos y salían con maderas aserradas.
No se puede reseñar la evolución de la zona, sin mencionar la larga presencia de la Escuela Nacional 114,  primera escuela pública del Alto Paraná, donde los hijos de los inmigrantes aprendían además del idioma nacional, lo más representativo del ser argentino: la noción de patria. Un viejo galpón propiedad de Enrique Riedmaier, fue el edificio de la escuela por casi 60 años, ubicado entre la Avda San Martín, calles Paraguay, Belgrano  y Reconquista.
Y la barriada que empezó a formarse en la zona aledaña, generó un vínculo entrañable con la escuela 114, que se mantiene vivo en la memoria colectiva de sus antiguos habitantes.
Otro lugar de gran significatividad, que marcó la vida del barrio, punto de referencia ineludible, fue el “Hotel  Suanno”, con bar, restaurante y habitaciones para alquilar.
Su propietario, José María Suanno, hombre jovial y amable, llegó como muchos otros a raiz de una importante migración interna que aportó nuevas vertientes poblacionales.
El bar de Suanno, fue elegido por los colectiveros como Terminal de Ómnibus después de la anterior parada, frente al hotel de Theler, unos 200 mts, más adelante.
Don Suanno pronto se hizo muy famoso: además de ser el primer Intendente electo por los habitantes de P. Rico en  1958, tuvo una activa participación  en el club 25 de Mayo y otras instituciones del pueblo. La ubicación estratégica de su negocio, sumado a la topografía del terreno, que desarrolla una gran pendiente hacia el arroyo León, hizo que mucho tiempo la gente local se refiera al barrio ubicado entre Paraná y Pellegrini, como “Bajo Suanno”
En conversaciones con antiguos moradores de la zona, fluyen en sus memorias nombres y apellidos de familias que habitaban la zona en los albores del barrio, como “Nenito” Otazú, , Maidana, Emilio Rivero (Gendarme, su sra. maestra en el colegio SAM), Muller, fotógrafo, padre de Máximo Muller , actor y bailarín, don Marcos Rojas, sereno del aserradero de Arlindo Brandt, y su sra. Ladislada González, lavandera. Una de sus nietas recuerda detalles de aquel esmerado oficio “mi abuela lavaba la ropa de varias familias importantes del pueblo. Los lunes a la mañana salía a buscar la ropa en grandes atados. Sacaba el agua de una naciente que había y fregaba la ropa con las manos. Sábanas blancas, camisas, manteles y guardapolvos los extendía enjabonados sobre una chapa de cinc, al sol para blanquearlos, después, almidonaba todo, y planchaba con plancha a carbón”
Más familias emergen del recuerdo: Nacimiento, Carlos Vera, Aldana, sra Teresa Loeffler, Anastasio Talavera, Arnulfo Verón, De La Cruz, Acuña, Bastarrechea, Isabelino López, Bizzózzero, Lezcano, Morel, Camargo, Valenzuela, entre otras.
Es interesante observar cómo ciertos puntos o lugares están profundamente ligados a experiencias cotidianas de la gente, y los evocan no sin un dejo de nostalgia. Tal es el caso de la pista de Fortunato Ríos, con su bar “Ideal”, “tenía un metegol que le gustaba a toda la gurisada, el Chirimbolo que le dicen”, explica alguien que pasó su infancia en la zona. Otros recuerdan la pista de Ríos como escenario de la “Fiesta
de San Juan” y los genuinos carnavales  populares.
Hay quienes recuerdan que don Ríos fue el primero en tener un televisor en blanco y negro, que congregaba a su alrededor una multitud de vecinos para mirar peleas o partidos de fútbol.
El recuerdo de emocionantes aventuras y escapadas en la siesta de las calurosas tardes misioneras, remite de inmediato al arroyo León, donde chicos y grandes se bañaban, haciendo frente a las altas temperaturas, y si no, siempre había para pescar. Muchas mujeres lavaban su ropa en las aguas todavía limpias de aquel tiempo.
Mientras estuvo el aserradero de Wolfart, la gente buscaba aserrín para tapizar los pegajosos patios de tierra, o costaneros para alimentar fogones y cocinas a leña.
Del terreno de Enrique Riedmaier, exactamente donde hoy se encuentra el Banco Nación, estaba la plazoleta “Malvinas Argentinas”, que contaba con algunos juegos para los chicos, y de vez en cuando, se instalaba algún parque de diversiones itinerante. También fue el escenario de muchos actos patrios centrales.
En la zona comprendida ente las calles Pellegrini, Paraguay y Belgrano, también se instalaron familias como los Corti, Juan Carlos Méndez (gendarme y fotógrafo), Leocadio Wissner, sastre y su señora Pabla Báez, modista. Esta familia era el centro de reuniones de la colectividad paraguaya; recibían a sus compatriotas recién llegados en las décadas de 1950 – 1960, hasta que conseguían trabajo, por tal motivo, hoy la calle se llama “Paraguay”.
Otras familias de la zona eran las de Rinke, Ayala, Silva, Cáceres…
Algunos todavía recuerdan a don Maximiliano Säckl, un extraño hojalatero alemán,  lisiado en la II Gerra Mundial que  se desplazaba en una enorme moto antigua, y vivía en la actual calle Newberry.
La ubicación geográfica tan próxima al centro, con acceso inmediato a la Terminal, el Cine Ipiranga, la gran tienda “La Casa del Pueblo, la escuela 114, las clínicas de los doctores Marenics, Vaas, Nosiglia y Regúnega, era una gran ventaja, lo que aceleró el proceso de poblamiento de la zona en las décadas del 50 y 60, estimulado sin duda por el florecimiento de las industrias Laminadora Puerto Rico, Citrex, Oleo Tung, aserraderos, molinos de yerba y almidoneras.
Hoy, la calle Pellegrini sigue siendo protagonista de un barrio que alcanzó su máximo desarrollo en el sentido Este-Oeste, cuyas calles se encuentran empedradas, con acceso a todos los servicios que disfrutan los habitantes del centro.

 

1 Comentario

  • Myrian del Carmen Tataryn dice:

    Hola!!
    No sé si mi comentario lo llegarán a leer pero… estaba buscando datos de mi niñez (ya que nací en Puerto Rico) y mi Padre… Rodolfo Antonio Tataryn trabajó en el Banco Nación Argentina y fue propietario del primer kiosko de revistas ubicado en “la vereda” del Hotel Suanno el cual, luego de fallecer, fue transferido a la Flia.Wecchia.
    Muchos nombres que figuran en este artículo “Calle Pellegrini, Génesis de un barrio” vienen a mi memoria y también mucho recuerdos tales como los helados en cucuruchos de pasta en la entrada del hotel y el matinee de los domingos en el cine Ipiranga.
    Por favor, si tienen alguna foto o información , de este Kiosko de Revistas, les agradecería muchísimo me la hicieran llegar ya que lamentablemente no tengo nada de esa época.
    Mil gracias,
    Myrian

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