Puerto Rico, distante a 140 km. de Posadas, capital de la provincia, es una ciudad recostada en el margen izquierdo del río Paraná, que desde siempre formó un vínculo entrañable con el pueblo: antes, porque fue el inicio mismo del trazado urbano, único acceso de viajeros, mercaderías, correspondencia… y ahora, suministro de agua y fuente de solaz y esparcimiento.

 

Puerto Rico, como otras ciudades del Alto Paraná, irrumpe en la historia misionera, en las primeras décadas del siglo XX, cuando durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen se producen importantes movimientos de colonización privada en el entonces Territorio Nacional de Misiones. En este caso, bajo la dirección de don Carlos Culmey, ingeniero alemán que ya había fundado pueblos en el sur de Brasil, y que formaliza en Buenos Aires en mayo de 1919, la Compañía Colonizadora Alto Paraná Culmey, acompañado del sacerdote jesuita Max Von Lassberg, consejero espiritual de la naciente colonia. A fines de ese año se produce el desembarco sucesivo de inmigrantes brasileños de origen alemán, reclutados por Culmey, quien declara fundada la nueva colonia el 12 de noviembre de 1919.

 

Como la mayor parte de la provincia de Misiones, esta región, fue el hogar de los grupos nómades prehistóricos primero, de los Guaraníes después, y objeto de una intensa economía extractiva en las décadas previas a la fundación, recorrida entonces por obrajeros, capataces, mensúes, aventureros, que no formaron poblaciones estables, permitiendo instalar en el pensamiento de de los colonos traídos por Culmey, la fantasía de ser los “primeros”.

 

Muchos más siguieron llegando: europeos y gente de otras provincias que se sumaron a tantas generaciones que dieron lugar a una trama de interacciones conjugando sueños, trabajo, tensiones, cambios, avances y retrocesos, cuya expresión visible es una pintoresca ciudad de casi 20.000 habitantes.

 

Originalmente, Puerto Rico fue concebida como una colonia agrícola, cuyo primer emplazamiento estuvo algunos km. más al norte, en el paraje San Alberto, pero ante las dificultades que causaba la escasa profundidad de las aguas del Paraná en ese sitio, Culmey explora la costa y decide el traslado del asentamiento hacia el sur, al lugar que ocupa actualmente, por considerarlo “rico en aguas profundas”, circunstancia que plasmó para siempre la toponimia de la ciudad.

 

Años bravos llenos de dificultades en medio de la selva y del aislamiento, fueron las circunstancias de los primeros colonos, que sin embargo, poco a poco transformaron ese espacio prístino, en un mosaico de chacras, potreros, picadas, convergentes hacia el puerto, único portal de acceso por muchos años.

 

Y como todas las colonias agrícolas del Alto Paraná, aquí se plantó, yerba, tabaco, tung, maíz, mandioca, cítricos; se instalaron olerías [1], fábricas de almidón de mandioca, aserraderos, fábrica de esencias y jugos cítricos, laminadora, lo que al promediar la década del 60, ameritó el nombre de “capital de la industria”, que todavía se lee en el arco de acceso sobre la ruta nacional 12, pero poco tiene que ver con la realidad actual, donde las contra marchas de la economía desplazaron penosamente aquel dinamismo industrial.

 

Si bien los contingentes de los primeros inmigrantes fueron mayoritariamente brasileños de origen alemán, también se incorporaron europeos, especialmente alemanes y suizos, además de criollos y paraguayos que ya trabajaban en los obrajes de la zona, conjugando una sociedad con núcleos muy cerrados al comienzo, con marcado etnocentrismo, situación que comenzó a modificarse lentamente, que sumado a una importante migración desde otras provincias como Entre Ríos, Buenos Aires, Corrientes, etc., a partir de los 50 y 60 generó interesantes cambios, sobre todo en el ámbito de las mentalidades.

 

El proceso de urbanización de la antigua colonia de Puerto Rico, coloca el vínculo rural-urbano como elemento constitutivo de su personalidad. Las chacras más cercanas al primitivo núcleo céntrico, se fragmentan en lotes y manzanas en función de las construcciones ya existentes, que agregado a la topografía de la zona con pendiente general hacia el río, dio lugar a un trazado bastante irregular. Aún hoy, y a pesar de ser una ciudad con todos los servicios, no abandona la impronta de su origen campesino, que se aprecia en sus casas con jardines, plantas y flores, y un estilo de vida donde se mezclan los hábitos pueblerinos con lo más actual de la globalización.

 

A partir de la apertura de la ruta nacional 12, nuevos patrones de circulación se instalan. El centro experimenta un desplazamiento más próximo a la ruta, se abandona progresivamente el transporte fluvial, y con él, se gesta una inexplicable indiferencia hacia el río Paraná, que recién en estos últimos años recupera en parte la atención, con la construcción de una hermosa avenida costanera, muy frecuentada por los lugareños, y carta de presentación para los visitantes.

Puerto Rico hoy

Geográficamente nuestra ciudad posee una ubicación de privilegio, pues se encuentra casi en la mitad del recorrido Posadas-Iguazú, con enlaces cercanos a la mayoría de los atractivos turísticos de la provincia, situación que potencia la posibilidad de convertirla en un importante centro de servicios para el turismo internacional, atraído por las Cataratas del Iguazú. Asimismo integra junto a las localidades vecinas, la micro Región de las Flores, que le otorga identidad diferenciada según la nueva regionalización turística provincial.

 

Categorizar nuestra ciudad desde un criterio cuantitativo llevaría a considerarla una ciudad intermedia dentro del sistema urbano provincial, pero si la vemos desde parámetros cualitativos, donde se tiene en cuenta el modo de vida, podríamos decir que se trata de un centro urbano un tanto indefinido que alterna entre un pueblo provinciano donde priman las relaciones cara a cara de sus pobladores, y una ciudad con los servicios y patrones de consumo al mejor estilo de las grandes ciudades.

 

La ciudad se extiende entre dos avenidas principales, con una traza irregular donde predominan las viviendas unifamiliares de estilos arquitectónicos muy eclécticos, pero, en general, modernas construcciones, profusamente iluminadas con grandes ventanales, frentes de ladrillo “a la vista” de procedencia local, colocados con técnicas artesanales del dominio de los constructores de la zona.

 

Lo que confiere identidad paisajística a la ciudad son las calles arboladas especialmente con lapachos, sobre todo los de flores amarillas, si bien también los hay de flores rosadas y de blancas, que en algunas veredas se alternan, mientras que en otras predomina uno u otro color. La floración de los lapachos se produce a fines de julio o comienzos de agosto, anunciando la cada vez más temprana primavera de la tierra colorada. La gran mayoría de los vecinos celebra el colorido estallido de la naturaleza, organizando paseos y caminatas, sacando fotos, que capturan para siempre las marcas distintivas de cada calle de lapachos.

 

La pequeña aldea campesina transformada en ciudad en un constante proceso de crecimiento, trajo consigo la creación de más centros sociales y culturales, escuelas de todos los niveles y diferentes modalidades. Es así que Puerto Rico, cabecera del departamento Libertador General San Martín, tiene varios establecimientos escolares de Educación General Básica y en cuanto a la educación Secundaria existen las modalidades de Humanidades y Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Organización y Gestión, Bienes y Servicios. También hay ofertas de educación superior: Profesorado de Educación Especial, Profesorado de Educación Primaria, Instituto Superior Agroindustrial, Instituto Argentino de Estudios Superiores, con varias carreras, una extensión de la Universidad Nacional de Misiones, con la Tecnicatura en Comunicación Social además de otras opciones de estudios universitarios semi presenciales. Sin embargo consideramos que las alternativas para nuestros jóvenes aún son insuficientes, circunstancia que obliga al desarraigo tan común en el interior de las provincias.

 

Si miráramos a Puerto Rico a vuelo de pájaro veríamos un crecimiento urbanístico que “estiró” a la ciudad hacia el Sur y el Este, sobreimprimiéndose sobre la zona peri urbana, plural, abierta, atravesada por la ruta nacional 12 , dinámico vaivén que permite la llegada de lo nuevo.


[1] Las “olerías” son los establecimientos industriales donde se elabora los ladrillos. Son muy famosas las olerías de la zona, con tecnología traída por los inmigrantes teutobrasileños, cotizados por su acabado prolijo, con gran demanda en otras regiones del país.

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